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FUERA DEL MARGEN

ESQUIZOANALISIS

PSICOTERAPIA, ESQUIZOANALISIS Y CONTEXTOS POPULARES. P.VALENCIA

  Este texto se encuentra disponible en http://capsyg.universidadarcis.cl/.  Por Patricio Valencia.

 

Es sabido que el esquizoanálisis plantea consideraciones que son determinantes a la hora de entender tanto la producción de subjetividad, como las estrategias de intervención que se asocian a  ella. En este contexto, toda acción terapéutica pasa por:

a) la consideración pragmática del inconsciente.

b) la renuncia a todo tipo de interpretación, orden o configuración de lo inconsciente.

c) la prescindencia de un setting estructurado en términos ortodoxos. No obstante, desarrollar un proceso psicoterapéutico desde la perspectiva esquizoanálitica pareciera no tener sentido en el ámbito de lo psicoterapéutico, en cuanto que la metamodelización esquizoanalítica nos invita a traspasar los códigos significantes para adentrarnos en el devenir caosmótico y nos persuade, igualmente, frente a la  emergencia de una catexia específica libre de condicionamientos institucionales.

Habida cuenta la justificación psicoterapéutica del esquizoanálisis, asumimos de partida el descentramiento del individuo, esto es,  de las condiciones y procesos asociados a lo subjetivo. Lo subjetivo constituye un  proceso que se va anclando en los distintos flujos libidinales, políticos, económicos e institucionales  y constituye el entramado mediante el cual se desenvuelve nuestra estructura biológica. El devenir de la estructura biológica en la territorialización de las formas de flujo, constituye el material mismo de lo inconsciente, éste se encuentra  inserto desde siempre, en el cuerpo social-socius--aquí  Edipo ejerce un rol estructurante  como  organizador de la fantasía en la institución familiar y  delegado de la repetición eterna.

La pertinencia de este enfoque en consideración a los desarrollos teóricos y  técnicos de los estilos de intervención en salud mental dirigidos hacia lo "popular" se desliza subrepticiamente hacia una hermenéutica de la sobredeterminación económico-política del síntoma, en general, intentando visualizar formas de violencia y segregación que cruzan la emergencia de procesos subjetivos en ese contexto. Ello constituye un objetivo primordial y originario de nuestro espacio institucional: reflexionar e implementar dispositivos de atención / intervención que se adecuen al entorno en el cual trabajamos. Aspiramos a que nuestras acciones constituyan plataformas, agenciamientos de nuevas disposiciones enunciativas y que posibiliten un devenir distinto a la institucionalización psiquiátrica o religiosa del transcurrir sintomático de sujetos marginalizados.

La causación de lo subjetivo excede definitivamente lo edípico, en consecuencia, cualquier modelo restringido a la explicación intra-subjetiva y/o inter-subjetiva de los trastornos mentales, se muestra insuficiente de cara a comprender los procesos de subjetivación propiamente tales. Aquellos modelos incapaces de contextualizar el  síntoma en un entorno social trans-subjetivo, donde las emergencias sintomáticas no pasan de ser meros indicadores, al igual que las matrices o formas caracterológicas en las cuales descansan. Pensar la psicoterapia más allá del dispositivo de atención individual significa dimensionar sus propias limitaciones para hacerlas circular luego en el mundo popular. Tales limitaciones se refieren a las implicancias y a los efectos colaterales que convoca su estatuto teórico (y la de las estrategias de intervención que las complementan) en función de unos posibles resultados. Estos resultados están comprometidos con un contexto social amplio que determina las leyes de intercambio cotidiano y las formas de producción subjetiva de individuos, grupos e instituciones. Parte de esta lógica de control se cierne sobre los así llamados "trastornos psíquicos", pero también sobre los dispositivos de atención y tratamiento, mediante la puesta en marcha de discursos de legitimación que, en definitiva, sólo reproducen dinámicas de exclusión y marginalidad habiendo delimitado a priori las fronteras de lo normal.

La remisión o permanencia de síntomas bajo el expediente de criterios de eficiencia la cosificación lineal en la nosología de los procesos psíquicos y de sus manifestaciones (que a su vez son reminiscencias de ordenes sistémicos más amplios ha inspirado buena parte de los enfoques desarrollados en las últimas décadas por la psicología clínica. Estos énfasis se ven reflejados en la inflación de las denominadas terapias breves encargadas de solventar un problema específico. Los aspectos controvertidos de la terapias breves son múltiples, los más evidentes dicen relación con el estatuto institucional que ostentan  y la escalada de normatividad que reclaman, erigiendo una frontera inamovible entre problemas técnicamente abordables y no-abordables; estos últimos estarían destinados a incrementar el historial crónico,  genético, endógeno y psiquiátrico, en tanto lugar de territorialización  absoluta de la subjetividad.

El caso de los consultorios también es emblemático; en virtud de objetivos de cobertura se transforman en lugares de tránsito a pequeña escala cuyo éxito puede cuestionarse sin mayor preámbulo. Enmascarados por cifras siderales que se amparan en una supuesta eficiencia, los consultorios administran un rango de intervenciones psicoterapéuticas de muy distinto signo a condición de su brevedad. Incluso sirviéndose del recurso mediático, es usual la propaganda que exalta la eficiencia y la rapidez de la PNL; lo mismo ocurre con la terapia breve de orientación analítica y los desarrollos provenientes de la terapia sistémica, e igual suerte corren aquellos enfoques que operan respecto de un síntoma con la consigna "deja de serlo", "esto necesita ser re-codificado", "re-simbolizado", "re-comprendido", etc. Con todo, los avances no son nada despreciables toda vez que generan un haz de técnicas y modos de intervención que proporcionan en ocasiones alivio sintomático eventual, mientras que en otras desplazan la lectura del síntoma a la dinámica del sistema familiar; sin embargo, no constituyen en sí mismos  modelos explicativos que contengan elementos suficientes para dar cuenta de las emergencias sintomáticas y la determinación de los procesos subjetivos en su relación contextual.

Por otra parte, el rango de efectividad de estas terapias y en particular del dispositivo de atención individual en contextos populares exhibe magros resultados; se los explica la más de las veces, recurriendo a razones aparentes como la falta de insight o desmedro en habilidades cognitivas y/o psicosociales por parte de los consultantes; en el  mejor de los casos se alude a la ineficacia del dispositivo individual esgrimiendo la  sobredeterminación inherente a la pobreza.

A nuestro entender, la actividad psicoterapéutica desplazada mas allá de los dispositivos de atención tradicional, nos instala directamente en el terreno de la técnica de intervención. Ello exige desarrollar prácticas contextuales que cooperen con evaluaciones pragmáticas de la productividad subjetiva y hacer confluir formas de organización psíquica junto a espacios participativos ligados a los estratos molares de experiencia política. En tal sentido, nos proponemos ensayar un atisbo de respuesta frente a la problemática del contexto popular chileno lastrado por una comprensión pragmática de lo inconsciente, o si se quiere, comprometido con una propuesta materialista del trabajo psicoterapéutico. Lo anterior guía nuestra experimentación en el terreno de lo técnico y recurre a dispositivos heterodoxos específicos, a saber: i) la instalación; ii) contextualización de la experiencia al interior del grupo; iii) lectura y orientación del trabajo transferencial en términos pre-edípicos. Tales dispositivos y orientaciones de trabajo favorecen la singularización a-histórica, caosmótica del inconsciente, lo que equivale a la descolonización de lo inconsciente, poniendo en escena todas aquellas disposiciones enunciativas que no transitan por la institucionalización edípica como remanente eterno de la constitución del self.

Marco conceptual
 
Conceptualmente nos enmarcamos en: a) la propuesta de análisis e intervención desarrolladas por la teoría reichiana; b) la psicología de grupos, particularmente la sustentada por la escuela francesa;  y c) el análisis molecular o esquizoanálisis. Este último, opera como metamodelo en tanto que nos permite articular distintas técnicas de trabajo y a un tiempo que dilucidar el cómo se producen las condiciones enunciativas, las dinámicas de producción subjetiva a través de distintas instituciones y/o modos de colonización o territorialización semiótica saturada.

Guattari llama capitalismo mundial integrado a esta articulación totalizante; el deseo constituye el pilar básico de su estructura interna y opera a través de las distintas formas de codificación/descodificación expresando su praxis productiva en términos semióticos. La territorialización de la subjetividad se da en un trasfondo de descodificación permanente; ‘la máquina capitalista es propiamente demente" dirá Deleuze, "una máquina social que funciona a base de flujos decodificados, desterritorializados' [2] .

Con Deleuze y Guattari [3] el concepto de lo inconsciente se desliga de la fantasmática edípica para insertarse en los procesos de producción general de la sociedad. A partir de aquí se entiende la producción de la subjetividad no desde un condicionante oculto sino desde el devenir del sujeto en su entorno. La condición del self, de la identidad, puede estar determinada por procesos circunstanciales que operan como punto de  referencia desplazando los constituyentes históricos de la construcción identitaria, ordenándolo todo a  un proceso de auto-constitución permanente. En consecuencia, el inconsciente edípico freudiano es el resultado de un proceso de desfiguración del deseo como dador de subjetividad, en tanto que clausura tal deseo en beneficio de la representación incestuosa. Para Deleuze y Guattari, lo inconsciente no corresponde a la triangulación edípica, tiende más bien a procesos esquizofrénicos orientados por una lógica de  procesos primarios; según ambos autores, esta condición ha sido conjurada por el capitalismo al conformarse como máquina de producción semiótica que recurre a una constante codificación y descodificación de los flujos de significado, monetarios, libidinales, etc.; aposteriori todos ellos se cosifican gracias a los órdenes institucionales y a los medios de comunicación de masas como agentes permanentes de producción subjetiva. En otros términos, los insumos de la constitución del self están siendo alimentados actualmente por modelos provenientes del sistema de producción semiótica, los que  no necesariamente coinciden con la tradición familiarista en tanto referencia obligada en la construcción de la identidad.

Lo que produce subjetividad según Varela es el conjunto de condicionamientos reales, posibles, virtuales, a los cuales se entrelaza la dinámica recursiva de una estructura biológica. Es esta estructura la que define la identidad de acuerdo a la relación que establece el organismo con su entorno. La capacidad de discriminar aquellos elementos y estímulos de un medio ambiente que le confiere identidad [4] , hace del "sí mismo" una estructura virtual, carente de sustancia, en tanto que toda producción orgánica está anclada a un constante movimiento que se gatilla con ocasión de una falta sobre la cual se organiza su constante devenir [5] .

De esta manera, la subjetividad no responde a un patrón estructurante como en el caso del modelo edípico, sino a un conjunto de flujos económicos, políticos, geográficos, culturales y libidinales, serán ellos  los que determinen la dinámica de su producción. En tal sentido es relevante consignar que la "remodelación" de los cuadros sintomáticos desde los años setenta y hasta la actualidad, refleja el carácter mutante de la constitución del self y evidencia, simultáneamente, una variación en el modo de emergencia y complejidad de tales cuadros. Lo inédito viene precedido por las formas actuales que asume la  territorialización del deseo más allá de los trastornos edípicos. Si en el pasado la histeria, el desorden obsesivo-compulsivo o la neurosis de carácter, llegaron a ser los diagnósticos que alcanzaron una mayor regularidad estadística, hoy, raramente se expresan en su pureza original, muy por el contrario, con frecuencia no pasan de ser meros revestimientos encargados de funcionalizar la adaptabilidad del self. Ya no constituyen más el sustrato básico de la dolencia / vulnerabilidad o del trastorno psíquico. Los cuadros neuróticos han dado paso a alteraciones pre-psicóticas [6] , tales como depresiones, estructuras borderlines, trastornos alimenticios , desórdenes de personalidad, descompensaciones narcisistas, etc. La nueva nomenclatura muestra con suficiente realismo la orientación y los "insumos" básicos con que cuenta la construcción del self en la sociedad actual; a partir de aquí, auxiliados por una lógica de verificaciones epidemiológicas, podemos constatar los cambios acontecidos entre la estructura social y las formas de producción caracteriológica.

Según Reich, el carácter es fruto de pautas de educación temprana, particularmente, de  la socialización del instinto agresivo y de la sexualidad. Ahora bien, para que se organice la  dinámica psíquica ésta requiere de un fondo energético que proviene de la estructura corporal del sujeto; lo sustancial no será, entonces, la interpretación del contenido sino el análisis de la resistencia. Tal resistencia es patrón característico (estático) del sujeto y la emergencia o contención de los flujos emotivos ligados a ese patrón caracteriológico, responde a una condicionante avalada por la historia. El cuestionamiento del instinto de muerte y  la naturaleza endógena de los trastornos psíquicos, es una conditio sine qua non a la hora de sustentar la relación intrínseca existente entre la sociedad y lo intra-subjetivo, y a un tiempo, es argumento suficiente para explicar la subjetivación que se desarrolla en un contexto social determinado [7] . Deleuze y Guattari reparan en las observaciones que hace Reich  acerca de la institucionalización del deseo en el escenario edípico y condicionan la comprensión de lo subjetivo a los compromisos económico-políticos de la producción de esa subjetividad. En esta perspectiva no existe ningún contenido a interpretar [8] . Lo inconsciente para Guattari está conformado por una función desterritorializadora permanente (esquizoide) cuerpo lleno sin órganos como referente del desarrollo libidinal y de la consiguiente sujeción histórica de la identidad que se diferencia de la esquizofrenia en tanto ésta responde a la institucionalización de los procesos desterritorializantes. El cuerpo lleno sin órganos se congrega en el límite del socius, de los procesos de desterritorialización y de la "maquina paranoide" para luego extrapolarse al aparato imaginario de la familia  a través del modelo edípico. En esta coyuntura se trata de distinguir disposiciones de enunciación articuladas en  distintos niveles de alianza con el entorno (o servidumbre maquínica); en síntesis, la consigna radica en  generar contextos, dispositivos de enunciación que posibiliten según lo entiende Guattari ‘la irrupción en el primer plano de la escena subjetiva de un real "anterior" a la subjetividad' [9] en tanto eje común que une locura y creación estética con las manifestaciones de la praxis de ser en el mundo [10] .

Como lo señala Guattari en relación al modelo caracteriológico propuesto por  Reich, una de las formas de trabajo a tener en cuenta en el análisis de las prácticas ontológicas, es la del inconsciente como disposición semiótica no subjetiva. Para que dicha empresa, sin embargo, tenga éxito debe considerarse previamente que el  cuerpo es la potencia material de los distintos enganches ecológicos, en él se depositan las interacciones recurrentes; el cuerpo se moldea o se solidifica al tomar contacto con una monotonía vital, un maltrato, un abandono, una carencia, una negligencia, una saturación, etc.; esta escena sufre constantes modificaciones pero es imposible de esquivar. Si bien es cierto que la estructuración  corpórea se relaciona con segmentos concretos  asociados a representaciones, a imágenes y fantasías, lo esencial no está del lado de la concienciación, sino del flujo de la pauta energética que determina dicha estructuración y que es propiamente material. Este índice de energía no posee contenido alguno, es la constricción del movimiento la que genera contenidos. No es posible olvidar que para Reich [11] , Edipo es el resultado de una cadena de formas de represión que parten en la más temprana edad. 
 
El grupo constituye otro recurso para acceder a lo pre-edípico. Como se evidencia en el trabajo inspirado en la teoría psicoanalítica, el funcionamiento grupal  se pliega sobre  las condiciones institucionales dictadas por el deseo. El grupo deviene, en este sentido, lugar idóneo para el análisis del condicionamiento caracteriológico estructural, en tanto que la transferencia vehiculizada grupalmente no coincide con la forma de operar de las referencias edipicas, descansen éstas ya sea en mecanismos, ya sea en procesos de identificación con objetos totales. El politopismo de lo inconsciente se despliega grupalmente como un caleidoscopio que vincula, condensa, disocia, escinde, difracta, etc., distintos segmentos psíquicos de sus integrantes que ellos ponen en escena  mediante una forma específica de incorporarse al espacio grupal o libidinizar el objeto ‘grupo' [12] . Si la lógica estructurante de ese espacio acaece sirviéndose de procesos primarios, ello no significa, sin embargo, que las instituciones y los grupos posean un inconsciente en términos de represión deseante como sucede en el caso del aparato psíquico individual, en tanto que éste se encuentra subsumido por la dinámica bioenergética de la estructura biológica. Se ha de insistir con renovado ímpetu que tal situación alude más bien a la posibilidad de organizar el material psíquico que circula en los grupos de acuerdo a  procesos primarios, generándose a partir de allí, dinámicas de alianzas inconscientes, pactos denegativos, condiciones de retorno de lo reprimido y representaciones idealizadas al interior del grupo.

La representación grupal corresponde a una parcialidad, se coagula en torno a una imagen , rol, pudiendo haber otros yoes al interior de una trama subjetiva determinada por la reacción caracteriológica frente a la rotura narcisista que se genera en los procesos de transferencia. A partir de este momento se genera la transferencia propia del devenir grupal; las formas de identificación, las fantasías y las organizaciones psíquicas que articulan ese yo, constituyen lugares susceptibles de un acoplamiento, de  un clivaje inconsciente que opera sobre elementos psíquicos compartidos por distintos sujetos reunidos en torno a un objeto de depositación libidinal, pudiendo ser éste, grupos de trabajo o el revestimiento idealizado de los objetivos de una institución y/o de una ideología. La economía estructural de lo psíquico en constelaciones internas que Kaës denomina grupos internos, comparte elementos y configura una red psíquica; tal economía contribuye a que el espacio grupal se instale como extensión de grupos internos, posibilita en definitiva, que el grupo sea un espacio de desarticulación/articulación de elementos psíquicos diferenciados [13] . El grupo es el lugar de revelación de estas condiciones en tanto constituye objeto de deseo, o en otros términos, emerge como un continente adecuado a la realización "imaginaria" del deseo [14] .

De acuerdo con Anzieu, el grupo es analogable  al sueño y al síntoma: en ambos existe una fantasía a la base que representa un deseo reprimido. En la situación grupal,  en tanto acontece bajo la premisa de una  transferencia simultánea y múltiple, las condiciones tópicas de los procesos subjetivos actualizan la analogía grupo/sueño/síntoma como realización imaginaria del deseo; éste transcurre a través de procesos psíquicos de depositación libidinal y de la experiencia de grupo propiamente dicha. En este contexto, una coordinación no directiva genera la posibilidad de libidinizar el espacio grupal, evita asimismo, ser coptado por la fantasía de rotura al momento de estructurarse el psiquismo de los participantes. Frecuentemente, el aparato psíquico grupal deviene  cuerpo "fantaseado" a fin de evitar las sensaciones de fragmentación provenientes de la ruptura narcisista. Este cuerpo estructurado en la fantasía sustituye al "yo epidermis" , y Anzieu lo denomina cuerpo grupal, el que por su parte, vehiculiza los procesos psíquicos de sus integrantes. El movimiento de los objetos internos por parte del objeto grupo, eventualmente, desplaza la sujeción de los participantes instalándola en la figura del líder, de la ideología, o de ambos a la vez. En el espacio grupal, la posibilidad de sustituir formas de identificación, de relaciones objetales, de mecanismos de defensa, en fin, de todas aquellas estructuras psíquicas que constituyen los procesos intra-subjetivos de los participantes, hace de plataforma giratoria a la hora de ensayar formas diferentes de organización psíquica [15].

En los grupos, toda vez que la sexualidad tiene una emergencia parcial, ya sea en la clásica postura homosexual sado/masoquista que según Freud, caracteriza las relaciones entre el líder y los integrantes del grupo, ya sea en términos tópicos, cronológicos y formales como señala Anzieu, el individuo es arrastrado a la rotura de la articulación cotidiana y de las imágenes que poseen los demás integrantes de su propia actividad  participativa. La instancia grupal escenifica la fragmentación y la pluralidad propia de los procesos de constitución de la identidad subjetiva, encabestrada a una imagen ilusoria y sustancial, tanto como a un yo único alejado infinitamente de la determinación de lo inconsciente [16] . 

El grupo amplio genera un plus regresivo que la mayoría de las veces está contextualizado en los "templos" destinados al oficio religioso sin importar el signo; en Chile, particularmente evangélicos y católicos carismáticos, celebran ritos que  territorializan las manifestaciones sintomáticas a partir de la inducción de estados alterados de conciencia de sus participantes. A través de ritos, formas de alabanza, estados de exaltación diversos, contextualizados todos ellos  en un lugar específico y dirigidos por un orador marcadamente  paternalista y omnipotente, se producen las condiciones necesarias para que un individuo atormentado deposite su sujetalidad en el "espacio que ofrece la iglesia". La capacidad de contención y el despliegue hermenéutico de lo que sucede hasta en sus detalles más ínfimos favorece, definitivamente, la confluencia absoluta entre los espacios intra-inter y transubjetivos [17] .
 
La disolución de la sujetalidad se experimenta semana a semana. Las defensas emergen sintomáticamente estructurando el contexto como una "catarsis colectiva"; una vez visibilizado, el síntoma se interpreta como presencia divina, el pastor favorece su desplazamiento y libidiniza el espacio manejando adecuadamente la transferencia; la energía que sustenta el síntoma contenida en el espectro grupal y en la iglesia como cuerpo imaginario le permite al sujeto el contacto con lo "divino", se diluye conjuntamente con el carácter ante la posibilidad de satisfacer imaginariamente sus deseos reprimidos en la puesta en escena de su experiencia con Dios. Este es el contexto transferencial que deviene milagroso en la remisión de un síntoma, de una enfermedad crónica o de una dolencia compleja como el alcoholismo; éste constituye un caso de usual ocurrencia en los templos evangélicos chilenos.

La descodificación de los fenómenos transferenciales que acontece en estas prácticas devocionales, orienta nuestro trabajo en virtud de las demandas psicoterapéuticas  circunscritas al mundo popular. Y esto en el siguiente sentido: de alguna manera, nuestras intervenciones deben emular el espacio de contención que generan las iglesias. Esto es particularmente relevante en torno a la presencia de inclinaciones  caracteriológicas pre-psicóticas comunes en situaciones de pobreza; nos referimos al maltrato, la  postergación, la marginalidad y el abuso. En nuestro trabajo, el factor diferencial viene precedido por la ausencia de interpretación y por la renuencia a desplegar un ejercicio retórico singular o proveniente de alguna ideología en los cuales depositar la transferencia. Como resultado de esta escisión, dicha transferencia sólo puede estar destina al espacio grupal y a la contención de sus integrantes, a la resonancia que afecta las historias personales y a los resultados de la propia reflexión. En atención a lo que puede articular históricamente, el templo opera como dispositivo analítico que ordena el material subjetivo a través de una lobotomización de la conciencia, ésta descansa de acuerdo con Freud [18]  no sólo en la investidura narcisista del espacio grupal/institucional, sino también en la confluencia de estructuras intra-psíquicas ligadas a la organización imaginaria del espacio. En el desarrollo de dispositivos analíticos de intervención, nuestro objetivo fundamental es entender las dinámicas subjetivas asociadas a coordenadas socio-político-circunstanciales en donde emerge el síntoma. Y ello movidos por la necesidad de insertar el quehacer disciplinario en un contexto de exclusión social; este desafío nos compromete a cuestionar y acaso replantear, las prácticas tradicionales del trabajo terapéutico en su dimensión individual, pero igualmente, en su correlato sociocomunitario. Ambas estrategias han inspirado, hasta ahora,  los criterios al uso de acción contra la pobreza; el lento desarrollo teórico y técnico, la repetición a ultranza de estilos de trabajo fracasados, sin embargo, nos disuade a diseñar objetivos sobrios, incluso modestos--no por ello ingenuos-- en torno a la experiencia de sobredeterminación de fenómenos subjetivos en grupos marginales. El desarrollo de técnicas que recojan o contengan emergencias subjetivas equidistantes de la institucionalización psiquiátrica y de la escisión yoica producida por la sintomática religiosa, constituye un punto cardinal que orienta nuestra labor en ambientes populares. Los dispositivos de intervención que planteamos son necesariamente grupales, en el mejor de los casos, multitudinarios. Entendemos que la ineficacia del dispositivo individual obedece tanto a la legitimación de ciertos discursos hegemónicos, como a la voluntad de  institucionalizar los flujos afectivos, pero responde por sobre todo, a su escasez de cobertura; este es, sin lugar a dudas, el primer obstáculo que debemos superar.


Descripción del dispositivo

El diseño pretende constituir un dispositivo de enunciación analítico caracterizado  por el despliegue de contextos "regresivos". En tanto que el aparato psíquico se escinde, ello   supone que su funcionamiento es análogo a la estructuración de un niño que transita  a través de las etapas oral y anal. La experiencia ha sido pensada para trabajar con un grupo de cien individuos aproximadamente y requiere, además, del apoyo de treinta y cinco coordinadores en los distintos momentos de la intervención. Es una propuesta dirigida al trabajo psicoterapéutico inserto en un contexto específico y pretende proporcionar un contexto-setting donde los participantes sean capaces de vivenciar sus sensaciones íntimas bajo condiciones de resguardo y cuidado extremas. En contraste con el manejo transferencial que se verifica en grupos amplios en donde el orador o la ideología son los depositarios de la transferencia, en este caso sólo existe un cuerpo grupal constituido por participantes y coordinadores. El objetivo básico (y basal) de la actividad consiste en libidinizar el lugar de encuentro a través de un primer dispositivo de trabajo en base a una jornada de salud mental.

 Luego de esta primera actividad se conforman grupos encaminados al trabajo corporal y de reflexión que han de funcionar una vez por semana; el trabajo regular prodiga seguimiento y profundización de la experiencia, facilita un transcurrir distinto hacia la emergencia sintomática y  le imprime otro ritmo a la determinación estructural causada por mecanismos institucionales que coptan el deseo. Los grupos están conformados por participantes de la jornada antes referida. Ambos segmentos no aceptan interpretaciones de ningún tipo; el trabajo se orienta a generar las condiciones necesarias para elaborar algunas experiencias que se mantienen latentes en condiciones de estasis libidinal propias de la economía del carácter. La instalación del dispositivo analítico se pliega en la fantasía que los participantes depositan en el espacio imaginario de la jornada de salud mental al que asistieron  voluntariamente. Los motivos que esgrimen los asistentes son siempre variados: sintomatología manifiesta, necesidad de desarrollo personal, curiosidad, etc. En todos los casos, las observaciones de Missenard y Anzieu respecto a las fantasías que movilizan los espacios terapéuticos nos parecen rigurosamente justificadas. Asistir a un encuentro que se convoca a través de la dolencia,  implica movilizar una serie fantasmática relativa a su propia remisión e interrogar la potencia del lugar para satisfacer el deseo.
 
En virtud de lo planteado anteriormente, un eje organizador de la intervención está  conformado por el "rito de renacimiento" que se celebra utilizando una manga (denominada "manga de renacimiento") especialmente habilitada para aquellos casos que responden a matrices caracteriológicas esquizoide y oral. Con respecto a  los casos donde predominan los trastornos del self (simbiosis, narcisismo, masoquismo), existe una "manga intestinal". La instalación de estas mangas de quince (15) metros  de largo y de un (1) metro de  diámetro que los participantes deben cruzar, constituye una escenografía que favorece la mutación de fantasías e ideas recurrentes que fabrica el aparato psíquico de cada cual;  ofrece a lo menos, una alternativa plausible para enfrentar sensaciones y contenidos históricamente reprimidos hasta ese momento. La idea de renacimiento sigue esbozada en la instalación de la manga intestinal, pero lo medular es el sentimiento de encierro y de uso.

Este renacimiento viene precedido por un contexto general que se inicia en la depositación de expectativas y de fantasías asociadas a la jornada. La fantasmática se contextualiza en el trabajo grupal y en la catexia del espacio (también estructurada por el grupo) que hace de envoltura imaginaria reemplazando al yo epidermis. Como lo señala Anzieu, la experiencia de grupo se vive como el interior del cuerpo de la madre, en virtud que la subjetividad no existe todavía como tal, por tanto, existe la posibilidad de que ésta se re-asujete a los nuevos elementos aportados por los demás integrantes para imprimirles una nueva lógica interna. 

La instalación es un dispositivo analítico, ya en su diseño primero constituye una máquina que conecta el flujo emocional de cada participante con un devenir diferente si lo comparamos con el  condicionamiento histórico de los otros flujos energéticos. Tales flujos se hallan  ligados a las emergencias subjetivas y a la articulación de éstas bajo ciertas cláusulas determinadas por convencionalismos, las que subsumen tanto la expresión emocional, como el itinerario que ha seguido el deseo para satisfacer sus demandas propias. Lo terapéutico se homologa aquí a la capacidad de elaborar y simbolizar la propia experiencia en un contexto grupal; importa el análisis que efectúa el sujeto de sus formas defensivas, de su modo de agenciar el deseo; interesa acceder al movimiento impuesto por la naturalización de sus flujos bioenergéticos. 

La composición imaginaria del grupo se organiza en referencia a lo más arcaico; en esta couyuntura, la prevalencia de figuras básicas como la imago de la madre/padre están suficientemente justificadas a partir de los estudios que hace Freud en relación a la psicología de masas. Esta premisa determina la factura del trabajo en tanto que éste pretende tensionar al máximo la depositación de la fantasía en un espacio reservado a los participantes, más exactamente, nuestra labor discurre a través de un manejo cuidadoso y constante de las formas manifiestas de la transferencia parcial pre-edípica y en consecuencia, cartografía los procesos defensivos que gatilla su emergencia.

El trabajo propiamente tal empieza por poner en práctica una serie de ejercicios corporales que favorece la relajación de tensiones crónicas (lo que en nomenclatura reichiana se denomina bloqueo); luego se conforma un  cuerpo grupal que apunta a generar un setting encargado de "depositar" la energía circulante producida por la trizadura narcisista en el perímetro grupal (revestimiento narcisista del grupo como objeto); con un tiempo reservado a relajarse profundamente culmina una primera etapa que busca aclimatar a los participantes con el ámbito del trabajo. Entendemos que un espacio grupal con pretensiones terapéuticas como el nuestro, está obligado a otorgar a sus integrantes las garantías mínimas para facilitar el proceso de emergencia de "núcleos de vulnerabilidad". Es importante, por tanto, que la secuencia de ejercicios tenga una incidencia real en el estado de oxigenación del cuerpo y en la "entrega" al trabajo, simbolizada en la posibilidad de distenderse y confiar en el espacio dispuesto para ello.
 
La realización al unísono de una rutina de ejercicios pretende desarrollar la conciencia corporal de quienes participan. Los coordinadores asumen un rol de articulado transferencial  del grupo. En un primer momento, toda la actividad se encuadra en una lógica directiva a fin de disminuir--hasta que alcance sus niveles mínimo-- la transferencia entre los participantes y la angustia de fraccionamiento consecuente; todo debe favorecer la autopercepción de los procesos vitales, especialmente la conciencia de la estructura muscular y de las zonas tensionadas; esta conciencia se logra mediante estimulación motriz y posteriormente, a través de ejercicios respiratorios. El objetivo de esta primera etapa consiste en "aflojar" la estructura muscular que sostiene la actividad psíquica y evitar la regresión vía transferencia simultánea. El  setting conduce la depositación de las angustias en dirección al espacio grupal, esta es función primordial de los coordinadores. En el anonimato propiciado por la identificación con el espacio, se cobija el  primer índice del grupo habiéndose ya  corporalizado.

Tras la relajación se invita a los participantes a graficar sus relaciones familiares sirviéndose de un árbol genealógico; se pasa a identificar, seguidamente, las emociones básicas y su distribución en el cuerpo a través de un  pictograma. Esta información es determinante ya que el trabajo posterior va a desplegarse en base a la relación establecida con los padres y en torno al proceso identificatorio de las distintas etiologías caracteriológicas que se recaban en el  momento.  Acto seguido comienza el momento más delicado de la intervención. El trabajo en grupo produce la escisión del aparato psíquico individual, propiciando la transferencia absoluta de las formas de catexia narcisista en los límites ya descritos. En orden a verificar el nivel regresivo de los participantes y obedeciendo a la inscripción cartográfica de las manifestaciones sintomatológicas, la figura del cuerpo grupal es el continente propicio para determinar la dinámica psíquica al igual que sus  flujos bioenergéticos concomitantes.

Bibliografía.

[1] Este texto da cuenta del trabajo realizado por la Unidad de Esquizoanálisis del Centro de Asistencia Psicológica de la Universidad Arcis. Nuestro objetivo genérico ha sido analizar las formas de trabajo en relación a lo inconsciente; estas ponen énfasis en las consecuencias y condicionamientos pragmáticos de los procesos, en otras palabras, considera que estas disposiciones son el material mismo del inconsciente que se devela a través de la pragmática del ser.

[2] G. Deleuze, Curso del 16, 11, 1971: Traducido por E. Hernández [epropal@col12.telecom.com.co]

[3] ‘Ocurre que el capitalismo como hemos visto, es el límite de toda sociedad, en tanto que opera la descodificación de flujos que las otras formaciones sociales codificaban y sobrecodificaban. Sin embargo, es su límite, o cortes relativos, porque sustituye los códigos por una axiomática extremadamente rigurosa que mantiene la energía de los flujos en un estado de ligazón al cuerpo del capital como socius desterritorializado, pero también e incluso más implacablemente que cualquier otro socius. La esquizofrenia por el contrario, es el límite absoluto que hace pasar los flujos al estado libre en un cuerpo sin órganos desocializado'. G. Deleuze - F. Guattari, El Anti-Edipo, México 1996, 253. ‘Existen complejos económico-sociales que también son verdaderos complejos del inconsciente, y comunican una voluptuosidad de arriba debajo de su jerarquía (el complejo militar industrial). Y la ideología, Edipo y el falo, no tienen nada que hacer en este caso, ya que dependen de ello en lugar de ser su principio. Se trata de flujos, stocks, cortes y fluctuaciones de flujos; el deseo está en todo lugar donde algo fluye y corre, arrastrando sujetos interesados, pero también sujetos ebrios y adormilados, hacia desembocaduras mortales'. Id., o.c.,  110. 

[4] ‘No se trata de un simple configuración gestáltica que cristalice la prevalencia de la "buena forma". Se trata de algo más dinámico que yo quisiera situar en el registro de la máquina , que opongo al de la mecánica. Fue en su carácter de biólogos como H. Maturana y F. Varela propusieron el concepto de máquina autopoiética para definir los sistemas vivientes' (...)  ‘ No se trata de un objeto dado en coordenadas extrínsecas , sino de una conformación de subjetivación que otorga sentido y valor a territorios existenciales determinados. Esta conformación debe trabajar para vivir, procesualizarse a partir de las singularidades que la percuten. Todo esto implica la idea de una necesaria práctica creativa e incluso de una pragmática ontológica'. F. Guattari, Caosmosis, Buenos Aires 1996, 115.

[5] ‘Aquello que es significativo para un organismo, está dado precisamente por su constitución como proceso distributivo, con una indisoluble unión entre los procesos locales en los que ocurren las interacciones ( por ejemplo, las fuerzas físico-químicas actuantes en una célula) y la entidad coordinada que equivale a la unidad autopoiética, dando lugar al manejo de su medio ambiente sin necesidad de acudir a un agente central que mueva los controles desde afuera (como un elain vital) o un orden pre-existente en una localización particular, como un programa genético que espera ser expresado'. F.Varela, El fenómeno de la vida, Santiago de Chile 2000, 87. ‘Lo mismo sucede con los tipos de narrativas que acompañan a los "yoes", tales como los valores, hábitos y preferencias. desde un punto de vista lógico funcionalista el "yo" puede ser entendido "para" la interacción con otros, para la creación de la vida social. De estas articulaciones surgen las propiedades emergentes de la vida social, donde los "yoes" insustanciales/vacíos son los componentes básicos. Por tanto siempre que encontramos regularidades como las leyes o los papeles sociales y los concebimos como algo dado desde afuera, caemos en la misma falacia de otorgar a cualquier propiedad emergente una identidad sustancial, en lugar de verlas como un proceso distributivo, mediado por las interacciones humanas'. Cf. Id., o.c., 106.


[6] Cf. F. Navarro, Caracteriología post-reichiana,  Sao Paulo 1996.

[7] Cf. W. Reich, Análisis del carácter, México 1986. El autor plantea aquí un cuestionamiento al instinto de muerte a propósito del análisis de las resistencias del carácter masoquista. En su crítica establece que la tendencia autoflagelante del masoquista no obedece al instinto de muerte sino a una función de descarga bioenergética.  El revestimiento masoquista es propio de la   forma caracteriológica  occidental,  reproduce un modelo de subjetividad sumisa y reaccionaria a través de la educación temprana de la agresividad que Reich define conducto natural de la satisfacción de los instintos.

[8] ‘Reich presiente un principio fundamental del esquizoanálisis cuando dice que la destrucción de las resistencias no debe esperar al descubrimiento del material. Pero es por una razón mucho más radical que la que él pensaba: ocurre que no hay material inconsciente, de tal modo que el esquizoanálisis no tiene que interpretar nada. No hay más que resistencias, y además máquinas , máquinas deseantes.  Edipo es una resistencia; si hemos podido hablar del carácter intrínsecamente perverso del psicoanálisis es a causa de que la perversión en general es la re-territorialización de los flujos de deseo, cuyas máquinas al contrario, son los índices de producción desterritorializadas'. G. Deleuze - F. Guattari, o.c (cf. nota 3), 324.

[9] 'Se trata de explorar y de volver productivas zonas de semiotización  que ya no sólo tienen como tarea articularse unas con otras, de poner en correspondencia plurívoca colecciones: 1) de figuras de expresión 2) de entidades mentales 3) de objetos referidos (reales o virtuales), pero también, como suplemento de estas funciones clásicas de representación y denotación, enganchar una función de existencialización, características de las pragmáticas ontológicas y que consiste en desplegar y en concatenar intensivamente cualidades existenciales específicas. Me basta, en esta etapa, con señalar que los índices intensivos, los operadores diagramáticos implicados por esta función, no tienen ningún carácter de universalidad: esto conducirá al esquizoanálisis a distinguirlos, a pesar de ciertas similitudes, de los objetos parciales del kleinismo o del objeto "a" del lacanismo. Son más bien cristales existenciales, puntos de bifurcación fuera de las coordenadas dominantes, a partir de los cuales pueden surgir universos de referencia mutantes. ¡Pero tal vez estas entidades cartográficas les parezcan muy misteriosas a algunos! Es verdad que ya no tenemos acceso espontáneo a ellas, como en los buenos tiempos del pensamiento "animista", o como sucede aún en el transcurso de ciertas experiencias de ruptura con la "normalidad". De esto se desprende la necesidad de construir enteramente dispositivos de enunciación analíticos que no dejan de tener relación con los de la creación artística para volver a encontrar la eficacia. Señalemos por último que la cuestión de la promoción de estos "analizadores" desborda ampliamente al psicoanálisis  y al arte ya que concierne a la capacidad de nuestras sociedades para conquistar nuevos grados de libertad en relación con las coerciones económicas y sociales existentes y para  recentrar las finalidades colectivas e individuales de la actividad humana en nuevos objetivos'. F. Guattari, Cartografías esquizoanalíticas, Buenos Aires 2000, 53.

[10] La identidad--como lo plantea Varela-- no tiene carácter sustancial, ni centro, ni eje, está integrada por el enlace que produce un plus de significado que no constituye un sujeto, sino un sí mismo insustancial. Ello no significa que se desatienda la configuración molar de la personalidad, se trata de disponer de contextos tanto de análisis como de acción que permitan una lectura y una praxis construida en base a los condicionamientos político-económicos de la subjetividad. Esto significa considerar la producción deseante que se enrola en una actividad recursiva en relación al contexto. 

[11] Cf. W. Reich, Psicología de masas del fascismo, Buenos Aires 1972.

[12]   ‘Las identificaciones están constituidas por la pluralidad de las personas psíquicas y por la red de los objetos abandonados o perdidos o instalados en el yo' (...) ‘cuando recibimos proyecciones, o cuando somos despertados al deseo por un objeto, lo que resulta movilizado no es sólo un objeto, sino la red o el grupo de los objetos, de los afectos y de las representaciones a que se liga por investiduras que constituyen, en suma, una memoria'. R. Kaës, El grupo y el sujeto del grupo, Buenos Aires 1995,       179.

[13] ‘El grupo es un escenario de la seducción multilateral y polimorfa: cada uno intenta despertar en los otros una excitación excitante para él mismo y a la vez defenderse de los aspectos peligrosos de estas tentativas, cada uno es movilizado en la representación inconsciente de que él es causa del deseo que pone en movimiento la excitación en el otro, desconociendo entonces la suya propia, y cada uno, según los términos de las representaciones y de las movilizaciones afectivas que le impone su estructura y su historia, está en una relación crítica entre su experiencia de la excitación y el sentido sexual de ésta para él. Dicho de otro modo, cada uno se ve llevado a enfrentar las singularidades de su historia traumática, las resoluciones sobrevenidas en la resignificación y las éstasis libidinales a la espera de un desenlace'. Id., o.c., 297.

[14] Anzieu plantea que tanto en el grupo como en el sueño existe una triple regresión: Cronológica (verificándose en ella el predominio de los procesos primarios); Tópica (donde prima el principio del placer); Formal (en la cual  se observa el recurso a modos de expresión arcaicos, el pensamiento figurativo y la comunicación en base a gestos , miradas, movimientos repetitivos, esteriotipias, etc.). Cf. D. Anzieu, El grupo y el inconsciente, Madrid 1986.

[15] Según A. Missenard ‘las técnicas de grupos no directivas ponen en tela de juicio las identificaciones imaginarias individuales y obligan a los participantes a abandonarlas al precio de la angustia de rotura, al miedo a cambiar, por ello la interpretación siempre se dirige al grupo a partir de la nivelación grupal en la que nadie está individualizado, los participantes reconstituyen poco a poco las identificaciones imaginarias perdidas, este proceso se efectúa en dos etapas: la primera corresponde a la identificación con los otros, que permite una re-individuación; la segunda corresponde a la constitución del cuerpo grupal, el grupo como contención de pulsiones y fantasías constituye un sustituto del yo epidermis como prótesis compensadora de los déficit narsicistas, el grupo dirige el tratamiento de las dificultades y la satisfacción de las necesidades del sujeto'. En Id., o.c., 199.

[16] ‘Experimentamos así la impresión de hallarnos ante una situación en la que el sentimiento individual y el acto intelectual personal son demasiado débiles para afirmarse por sí solos sin el apoyo de manifestaciones afectivas e intelectuales análogas de los demás individuos. Esto nos recuerda cuán numerosos son los fenómenos de dependencia en la sociedad humana normal, cuán escasa originalidad y cuán poco valor personal hallamos en ella y hasta qué punto se encuentra dominado el individuo por las influencias de un alma colectiva tales como las propiedades raciales, los prejuicios de clase, la opinión publica, etc. El enigma de la influencia sugestiva se hace aún más oscuro cuando admitimos que es ejercida no sólo por el caudillo sobre todos los individuos de la masa , sino también por cada uno de éstos sobre los demás y habremos de reprocharnos la unilateralidad con que hemos procedido al hacer resaltar casi exclusivamente la relación de los individuos de la masa con el caudillo, relegando, en cambio, a un segundo término el factor de la sugestión recíproca'. S. Freud, Psicología de masas y análisis del yo en Id., Obras Completas, Madrid 1996,  2593.                                                                                   

[17] ‘La constitución libidinosa de una masa (...) o sea de la masa que posee un caudillo y no ha adquirido aún , por una organización demasiado perfecta, las cualidades de un individuo. Tal masa es una reunión de individuos que han reemplazado su ideal del yo por un mismo objeto, a consecuencia de lo cual se ha establecido entre ellos una general y reciproca identificación del yo'. Id., o.c., 2592.

[18] ‘Las masas humanas nos muestran un cuadro ya conocido, del individuo dotado de un poder extraordinario y dominando a una multitud de individuos iguales entre sí, cuadro que corresponde exactamente a nuestro cuadro de la horda primitiva. La psicología de dichas masas nos es conocida por descripciones repetidamente mencionadas -la desaparición de la personalidad individual inconsciente, la orientación de los pensamientos y los sentimientos en un mismo sentido, el predominio de la afectividad y de la vida psíquica inconsciente, la tendencia a la realización inmediata de las intenciones que puedan surgir de toda esta psicología , repetimos, corresponde a un estado de regresión, a una actividad anímica primitiva, tal y como la atribuiríamos a la horda primitiva.' Id., o.c., 2596.

ENTREVISTA SOBRE EL ANTI–EDIPO Gilles Deleuze y Félix Guattari

ENTREVISTA SOBRE EL ANTI–EDIPO Gilles Deleuze y Félix Guattari

Texto de referencia: Deleuze "conversaciones" 1972-1990. Valencia pre-textos, españa.

– Uno de ustedes es psicoanalista, el otro filósofo; su libro es un cuestionamiento del psicoanálisis y de la filosofía que, además, presenta algo nuevo: el esquizo– análisis. ¿Cuál sería entonces el lugar común de este libro? ¿Cómo concibieron la empresa, qué transformaciones han sido necesarias para uno y otro?

GILLES DELEUZE.– Habría que hablar en potencial, como las niñas pequeñas (“nos habríamos encontrado, habría sucedido tal cosa...”). Conocí a Félix hace dos años y medio. Él tenía la impresión de que yo iba por delante de él, esperaba algo de mí. El caso era que yo no tenía ni las responsabilidades de un psicoanalista ni las culpabilidades o los condicionamientos de un psicoanalizado. Yo no tenía ninguna posición que mantener, lo que me daba ligereza, y me enfrentaba a la miseria del psicoanálisis con cierto desenfado. Yo trabajaba únicamente en el campo de los conceptos, y aún de forma tímida. Félix me habló de lo que él llamaba, ya entonces, las máquinas deseantes: toda una concepción teórica y práctica del inconsciente–máquina, del inconsciente esquizofrénico. Entonces tuve la impresión de que era él quien llevaba la delantera. Sólo que, con todo y su inconsciente–máquina, él hablaba aún en términos de estructura, significante, falo, etc. No podía ser de otro modo, considerando la deuda que él (como yo mismo) tenía con Lacan. Pero me pareció que, si encontrábamos los conceptos adecuados para ello, todo funcionaría mejor que con unos conceptos que ni siquiera son los del Lacan creador, sino más bien los de una cierta ortodoxia que se ha constituido a su alrededor. Lacan dice: “nadie me ayuda”. Nosotros le hemos ayudado esquizofrénicamente.

Precisamente porque tenemos una gran deuda con Lacan, hemos renunciado a nociones como la estructura, lo simbólico o el significante, malas nociones que el propio Lacan siempre ha sabido distorsionar para mostrar su reverso.

De modo que Félix y yo decidimos trabajar juntos. Al principio por carta. Después, por temporadas, mediante unas sesiones en las que cada uno escuchaba al otro. Nos divertimos mucho. También nos aburrimos mucho. Alguno de los dos hablaba siempre demasiado.

Ocurría a menudo que uno proponía una noción que no significaba nada para el otro, y que el otro sólo conseguía utilizarla meses después y en otro contexto. Y, además, leímos mucho; no libros enteros, más bien fragmentos. A veces nos encontrábamos con cosas realmente estúpidas, que nos confirmaban lo pernicioso del Edipo y la enorme miseria del psicoanálisis; y a veces dábamos con cosas admirables, que nos parecían dignas de ser explotadas. Después escribimos muchísimo.

Félix trata la escritura como un flujo esquizofrénico que arrastra todo tipo de cosas. Esto es algo que me interesa especialmente: que la página tenga fugas por todos lados sin dejar de estar, por otra parte, cerrada sobre sí como un huevo. Además, en un libro hay siempre muchas retenciones, resonancias, precipitaciones y larvas. Llegamos a escribir realmente entre los dos, no tuvimos ningún problema en ese sentido.

Hicimos sucesivas versiones.

FÉLIX GUATTARI.– Por mi parte, yo tenía muchas “posiciones”, al menos cuatro. Yo procedía de la Voie Communiste, y después estuve en la oposición de izquierda; antes de Mayo del 68 escribíamos poco (por ejemplo, las “nueve tesis de la Oposición de izquierda”) y agitábamos mucho. Además, yo había participado en la clínica de La Borde en Cour–Cheverny desde que Jean Oury la fundara en 1953 como una prolongación de las experiencias de Tosquelles: intentábamos definir teórica y prácticamente las bases de la psicoterapia institucional (yo,
por mi parte, experimentaba con nociones como las de “transversalidad” o “fantasía de grupo”). Y, finalmente, también me formé con Lacan desde el comienzo de los seminarios. Así que mantenía una especie de posición o de discurso esquizofrénico, siempre he estado enamorado de los esquizofrénicos, siempre me han atraído. Hay que convivir con ellos para comprenderlo. Al menos los problemas de los esquizofrénicos son auténticos problemas, no como los de los neuróticos.

Hice mi primera terapia con un esquizofrénico y auxiliado por un magnetófono. El caso es que estas cuatro posiciones, estos cuatro discursos, no eran solamente posiciones o discursos, sino también modos de vida que, forzosamente, experimentaba desde un cierto desgarramiento.

Mayo del 68 fue, para Gilles y para mí, como para otros muchos, una sacudida: aunque no nos conocíamos entonces, nuestro libro es sin duda una consecuencia de Mayo. No es que yo tuviese necesidad de unificar mis cuatro modos de vida, lo que precisaba era más bien recomponerlos. Contaba con algunas referencias, como por ejemplo la necesidad de interpretar la psicosis a partir de la esquizofrenia. Pero carecía de la lógica necesaria para esa reconstrucción. Había escrito en Recherches un texto titulado “De un signo a otro”, un texto muy influenciado por Lacan pero en el que ya prescindía del significante.

Ello no obstante, estaba aún enredado en una suerte de dialéctica. Lo que esperaba de mi trabajo con Gilles eran cosas como el cuerpo sin órganos, las multiplicidades, la posibilidad de una lógica de las multiplicidades con adherencias sobre el cuerpo sin órganos... En nuestro libro, las operaciones lógicas son al mismo tiempo operaciones físicas.

Lo que hemos buscado en común ha sido un discurso que sea a la par político y psiquiátrico, pero sin que ninguna de las dos dimensiones pueda reducirse a la otra.

– Ustedes oponen constantemente un inconsciente esquizoanalítico, compuesto de máquinas deseantes, al inconsciente psicoanalítico, al que dirigen toda clase de críticas. Utilizan la esquizofrenia como patrón de referencia. Pero, ¿dirían ustedes sinceramente que Freud ignoraba el dominio de las máquinas o, al menos, de los aparatos? ¿Dirían que no comprendió el campo de la psicosis?

F. G.– Es complejo. En ciertos aspectos, Freud tenía plena conciencia de que su verdadero material clínico, su base clínica procedía de la psicosis, de Bleuler y Jung. Y esto es así hasta el final: todas las novedades del psicoanálisis, desde Melanie Klein hasta Lacan, proceden de la psicosis. Por otra parte, está el caso de Tausk: es posible que Freud temiese una confrontación de los conceptos analíticos con la psicosis. El comentario sobre Schreber revela todo tipo de ambigüedades. En cuanto a los esquizofrénicos, se tiene la impresión de que a Freud no le gustan en absoluto, dice sobre ellos cosas horribles, extremadamente desagradables... Ahora bien, es cierto, como usted dice, que Freud no ignoraba la maquinaria del deseo. El deseo, las maquinarias del deseo son incluso el descubrimiento propio del psicoanálisis. Nunca en el psicoanálisis dejan de zumbar, de chirriar, de producir.

Y los psicoanalistas no dejan nunca de alimentar o de realimentar las máquinas, sobre un fondo esquizofrénico. Pero quizá hacen o desencadenan cosas de las que no tienen clara conciencia. Quizás su práctica implica operaciones incipientes que no aparecen con claridad en la teoría. No hay duda de que el psicoanálisis ha perturbado toda la medicina mental, como una especie de máquina infernal. Aunque ya desde el principio estuviese sometido a compromisos, causaba perturbaciones, imponía nuevas articulaciones, revelaba el deseo. Usted acaba de invocar los aparatos psíquicos tal y como son analizados por Freud: aparece ahí todo un aspecto de maquinaria, de producción de deseo y de unidades de producción. Pero hay otro aspecto: la personificación de estos aparatos (el super–yo, el yo, el ello), una escenografía teatral que sustituye las verdaderas fuerzas productivas del inconsciente por simples valores representativos. Así es como las máquinas del deseo se convierten progresivamente en maquinarias teatrales: el super–yo, la pulsión de muerte como deus ex machina. Tienden progresivamente a funcionar fuera de la escena, entre bastidores. O bien como máquinas de ilusión, de producción de efectos.

Toda la producción deseante queda anonadada. Nosotros decimos estas dos cosas al mismo tiempo: Freud descubre el deseo como libido, como deseo que produce; pero no cesa de enajenar la libido en la representación familiar (Edipo). Sucede con el psicoanálisis igual que con la economía política tal y como la veía Marx: Adam Smith y Ricardo descubren la esencia de la riqueza como trabajo que produce, pero no cesan de enajenarla en la representación de la propiedad. El deseo se proyecta sobre una escena de familia que obliga al psicoanálisis a ignorar la psicosis, a no reconocerse sino en la neurosis, y a dar una interpretación de la propia neurosis que desfigura las fuerzas del inconsciente.

– ¿Es esto lo que quieren decir cuando hablan de un “giro idealista” en psicoanálisis, asociado a Edipo, y cuando se esfuerzan en oponer al idealismo psiquiátrico un nuevo materialismo? ¿Cómo se articulan el materialismo y el idealismo en el dominio del psicoanálisis?

G. D.– El objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay, en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo extraordinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no es contradictorio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la práctica del análisis: reducción de la producción deseante a un sistema de representaciones llamadas inconscientes, y a las formas de motivación, de expresión y de comprensión correspondientes; reducción de la fábrica del inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis sociales de la libido a catexis familiares, desviación del deseo hacia coordenadas familiaristas, Edipo, una vez más. No queremos decir que el psicoanálisis haya inventado a Edipo.

Se limita a responder a la demanda, cada cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al cuadrado –un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo– en la ciénaga del diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del inconsciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante. Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo, sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la capitalista. No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se reduce al “sucio secretito de familia”. No establecemos diferencia alguna entre las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las máquinas deseantes.

Lo que el psicoanálisis llama la solución o la disolución de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata precisamente de la puesta en marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su transmisión de padres a hijos. Cuánto [32] desatino, cuántas estupideces han podido decirse en nombre de Edipo, especialmente a propósito de los niños.

Una psiquiatría materialista es aquella que introduce la producción en el deseo y viceversa, la que introduce al deseo en la producción. El delirio no remite al padre, ni siquiera al nombre del padre, sino a todos los nombres de la Historia. Es algo así como la inmanencia de las máquinas deseantes en las grandes máquinas sociales. Es la ocupación del campo social histórico por parte de las máquinas deseantes. Lo único que el psicoanálisis ha comprendido de la psicosis es su línea “paranoica”, la que conduce a Edipo, a la castración y a todos esos aparatos represivos que se han inyectado en el inconsciente. Pero el fondo esquizofrénico del delirio, la línea “esquizofrénica” que diseña un campo ajeno a la familia, se le ha escapado por completo. Foucault decía que el psicoanálisis seguía siendo sordo a la voz de la sinrazón. Y, efectivamente, el psicoanálisis lo neurotiza todo y, mediante tal neurotización, no contribuye únicamente a producir esa neurosis cuya curación es interminable, sino al mismo tiempo a reproducir al psicótico como aquel que se resiste a la edipización. Carece por completo de una posibilidad de acceso directo a la esquizofrenia. Y pierde igualmente la naturaleza inconsciente de la sexualidad debido a su idealismo, al idealismo familiarista y teatral.

– Su libro tiene un aspecto psiquiátrico y psicoanalítico, pero también un aspecto político y económico. ¿Cómo conciben ustedes la unidad de estos dos aspectos? ¿Intentan ustedes recuperar de algún modo la tentativa de Reich? Hablan ustedes de catexis fascistas, tanto al nivel del deseo como al del campo social. Se trata en tal caso de algo que claramente concierne al mismo tiempo a la política y al psicoanálisis. Pero no se comprende bien qué es lo que ustedes opondrían a esas catexis fascistas. ¿Qué es lo que se puede contraponer al fascismo? Se trata de una cuestión que no concierne únicamente a la unidad de este libro, sino también a sus consecuencias prácticas: y estas consecuencias son de una enorme importancia, porque si nada impide esas “catexis fascistas”, si ninguna fuerza las contiene, si lo único que puede hacerse es constatar su existencia, ¿cuál es el significadode su reflexión política y de su intervención en la realidad?

F. G.– Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de
un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión y terminará amenazando, incluso desde el interior, a las propias máquinas revolucionarias.

Distinguimos dos clases de catexis en el campo social: las catexis preconscientes de interés y las catexis inconscientes de deseo. Las catexis de interés pueden ser realmente revolucionarias y, no obstante, permitir la subsistencia de catexis inconscientes de deseo que no lo son o que incluso son fascistas. En cierto sentido, lo que llamamos esquizoanálisis tendría su punto ideal de aplicación en los grupos, y especialmente en los grupos militantes: es en ellos en donde se dispone de modo más inmediato de un material ajeno a la familia, donde aparece el funcionamiento a veces contradictorio de las catexis.

El esquizoanálisis es un análisis militante, libidinal–económico, libidinal–político. Al contraponer esos dos tipos de catexis sociales, no estamos contraponiendo el deseo, como fenómeno suntuario o romántico, a los intereses, que serían económicos y políticos; al contrario, pensamos que los intereses se encuentran siempre emplazados allí donde el deseo ha predeterminado su lugar. Igualmente, no hay revolución conforme a los intereses de las clases oprimidas a menos que el deseo haya adoptado una posición revolucionaria que comprometa a las propias formaciones del inconsciente. Porque el deseo, en todos los sentidos, forma parte de la infraestructura (no creemos en absoluto en conceptos como el de ideología, que no sirve de nada a la hora de analizar los problemas: no hay ideologías). La amenaza permanente contra los aparatos revolucionarios estriba en hacerse una idea puritana de los intereses, que nunca se realizan más que en provecho de una franja de la clase oprimida que realimenta una casta y una jerarquía por completo opresiva. Cuanto más se asciende en una jerarquía, incluso aunque se trate de una jerarquía seudo–revolucionaria, menos posible será la expresión del deseo (por contra, tal expresión aparece en las organizaciones de base, aunque sea muy deformada). A este fascismo del poder nosotros contraponemos las líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen al deseo, a las máquinas del deseo y a la organización de un campo social de deseo: no se trata de que cada uno escape “personalmente”, sino de provocar una fuga, como cuando se revienta una cañería o cuando se abre un absceso. Dejar que pasen los fluidos por debajo de los códigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso. Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local y minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Denunciamos toda la temática de la oposición hombre–máquina, el hombre alienado por la máquina, etc. Desde el movimiento de Mayo, el poder, apoyado por las seudo–organizaciones de izquierda, ha intentado hacer creer que sólo se trató de unos cuantos niños mimados que luchaban contra la sociedad de consumo, mientras que los obreros de verdad sabían perfectamente dónde estaban sus intereses... Pero jamás hubo lucha contra la sociedad de consumo (noción imbécil donde las haya). Al contrario, lo que decimos es que aún no hay suficiente consumo, aún no hay suficiente artificio, los intereses no estarán jamás de parte de la revolución hasta que las líneas de deseo no alcancen el punto en el que el deseo y la máquina, el deseo y el artificio, sean una sola cosa, el punto en el que se rebelen por ejemplo contra los llamados “datos naturales” de la sociedad capitalista.

Nada más fácil que alcanzar ese punto, pues el más minúsculo de los deseos se eleva hasta él, y al mismo tiempo nada más difícil, porque comporta todas las catexis del inconsciente.

G. D.– En este sentido, la cuestión de la unidad del libro está fuera de lugar. Hay, ciertamente, dos aspectos: el primero es una crítica de Edipo y del psicoanálisis; el segundo, un estudio acerca del capitalismo y de sus relaciones con la esquizofrenia. Pero el primer aspecto depende estrechamente del segundo. Atacamos al psicoanálisis en los siguientes puntos (que conciernen tanto a su teoría como a su práctica): su culto a Edipo, su reducción de la libido a catexis familiaristas, incluso bajo las formas encubiertas y generalizadas del estructuralismo o del simbolismo. Decimos que la libido actúa mediante catexis inconscientes que difieren de las catexis preconscientes de interés, pero que, como éstas últimas, conciernen al campo social. Sea una vez más el caso del delirio: nos preguntan si hemos visto alguna vez un esquizofrénico, pero nosotros preguntamos a los psicoanalistas si ellos han escuchado alguna vez un delirio. El delirio no es familiar, sino histérico–mundial. Se delira a propósito de los chinos, de los alemanes, de Juana de Arco y del Gran Mongol, acerca de los arios y los judíos, del dinero, del poder y de la producción, y no en absoluto sobre papá y mamá. Aún más: la famosa “novela familiar” depende estrechamente de las catexis sociales inconscientes que aparecen en el delirio, y no a la inversa. Intentamos mostrar en qué sentido esto es ya cierto en la infancia. Proponemos un esquizoanálisis que se contrapone al psicoanálisis.

Basta con atenerse a los dos escollos principales con los que tropieza el psicoanálisis: es incapaz de llegar a las máquinas deseantes de cualquiera porque se mantiene en las figuras o estructuras edípicas; es incapaz de llegar a las catexis sociales de la libido porque se queda en las catexis familiaristas. Esto se observa a la perfección en el ejemplar psicoanálisis in vitro del Presidente Schreber. Lo que a nosotros nos interesa (y que, en cambio, no interesa en absoluto a los psicoanalistas) es esto: ¿Cuáles son tus máquinas deseantes? ¿Cuál es tu manera de delirar el campo social? La unidad de nuestro libro consiste en que entendemos que las insuficiencias del psicoanálisis, así como su ignorancia del fondo esquizofrénico, están vinculadas a su profunda pertenencia a la sociedad capitalista. El psicoanálisis es como el capitalismo: la esquizofrenia es su límite, pero no deja de desplazar el límite ni de intentar conjurarlo.

– Su libro está lleno de referencias, de textos que se utilizan generosamente, tanto en su propio sentido cuanto a veces contra él, pero se trata, en cualquier caso, de un libro cuyo subsuelo es una “cultura” precisa. Reconocen ustedes una gran importancia a la etnología, y sin embargo poca a la lingüística; otorgan gran relevancia a ciertos novelistas ingleses y americanos, pero apenas a las teorías contemporáneas de la escritura. Más concretamente, ¿por qué ese ataque a la noción de significante, y cuáles son las razones que les hacen rechazar su sistema?

F. G.– No tenemos nada que ver con el significante. No somos los
únicos ni los primeros. Puede verse el caso de Foucault, o el reciente libro de Lyotard. La oscuridad de nuestra crítica del significante se debe a que se trata de una entidad difusa que todo lo reduce a una máquina obsoleta de escritura. La oposición exclusiva y coercitiva entre significante y significado está obsesionada por el imperialismo del Significante, tal y como emerge con las máquinas de escritura. Todo remite directamente a la letra. Tal es la propia ley de la hipercodificación despótica. Nuestra hipótesis es esta: el Significante es el signo del gran Déspota que, al retirarse, libera una región que puede descomponerse en elementos mínimos entre los que existen relaciones regladas.

Esta hipótesis tiene la ventaja de explicar el carácter tiránico, terrorista y castrador del significante. Se trata de un enorme arcaísmo que remite a los grandes imperios. Ni siquiera estamos seguros de que el significante pueda servir en el terreno del lenguaje. Por ello, nos hemos vuelto hacia Hjelmslev: hace tiempo que él ha erigido una especie de teoría spinozista del lenguaje en el cual los flujos de contenido y de expresión prescinden del significante. El lenguaje como sistema de flujos continuos de contenido y expresión, troquelado mediante constructos maquínicos de figuras discretas y discontinuas. En este libro aún no hemos desarrollado nuestra concepción de los agentes colectivos de enunciación, una noción que pretende superar la escisión entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Somos estrictamente funcionalistas: lo que nos interesa es cómo funcionan las cosas, cómo se disponen, cómo maquinan. El significante pertenece aún al dominio de la pregunta: “¿Qué quiere decir esto?”, incluso es esta misma cuestión en cuanto borrada. Para nosotros el inconsciente no quiere decir nada, ni tampoco el lenguaje. El fracaso del funcionalismo se debe a que se ha intentado aplicar a dominios que le son extraños, a grandes conjuntos estructurados que, por serlo, no pueden estar formados de la manera en que funcionan.

El funcionalismo, al contrario, no tiene rival en el dominio de las micro–multiplicidades, de las micro–máquinas, de las máquinas deseantes, de las formaciones moleculares. Y, a este nivel, no hay en absoluto máquinas cualificadas de tal o cual manera, como por ejemplo una máquina lingüística, porque hay elementos lingüísticos en toda máquina, en convivencia con elementos de otro tipo. El inconsciente es un micro–inconsciente, es molecular, y el esquizoanálisis es un micro–análisis. La única cuestión es cómo funciona, con qué intenciones, qué flujos, qué procesos, qué objetos parciales, cosas todas ellas que no quieren decir nada.

G. D.– Eso mismo es lo que pensamos de nuestro libro. De lo que se trata es de saber si funciona, y cómo y para quién. Es una máquina. No se trata de releer, habrá que hacer otras cosas. Es un libro hecho gozosamente. No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoanálisis sigue el camino correcto y tiene una visión apropiada del inconsciente.

Nos dirigimos a quienes piensan que es monótono, triste, como un
runrún (Edipo, la castración, la pulsión de muerte, etc.). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan. Buscamos aliados. Tenemos gran necesidad de aliados. Tenemos la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí, que se nos han adelantado, que hay mucha gente que está harta, que piensan, sienten y trabajan en una dirección análoga a la nuestra: no se trata de [39] una moda, sino de algo más profundo, una especie de atmósfera que se respira y en la que se llevan a cabo investigaciones convergentes en dominios muy diferentes. Por ejemplo, en etnología. O en psiquiatría. O el trabajo de Foucault: aunque no practicamos el mismo método, tenemos la impresión de coincidir con él en multitud de puntos, esenciales a nuestro modo de ver, del camino que él trazó antes que nosotros. Es verdad que hemos leído mucho, pero un poco al azar.

Nuestro problema no estriba en un retorno a Freud o a Marx. No es una teoría de la lectura. Lo que buscamos en un libro es el modo en que abre el paso a algo que escapa a los códigos: flujos, líneas activas de fuga revolucionaria, líneas de descodificación absoluta que se oponen a la cultura. Incluso para los libros existen estructuras, códigos y ataduras edípicas, tanto más solapadas por cuanto no son figurativas sino abstractas. Lo que nos ha llamado la atención de los grandes novelistas ingleses y americanos es ese don del que los franceses casi siempre carecen, las intensidades, los flujos, libros–máquinas, libros para ser usados, esquizolibros. Tenemos a Artaud, y la mitad de Beckett. Quizá se reproche a nuestro libro el ser demasiado literario, pero estamos seguros de que este reproche procederá de profesores de literatura. ¿Acaso tenemos la culpa de que Lawrence, Miller, Kerouac, Burroughs, Artaud o Beckett sepan más acerca de la esquizofrenia que los psiquiatras y los psicoanalistas?

– Pero, ¿no se arriesgan ustedes a un reproche más serio? El esquizoanálisis que proponen es, de hecho, un anti– análisis; en consecuencia, se les podría reprochar que valoran la esquizofrenia de manera romántica e irresponsable; e incluso que tienen tendencia a confundir al revolucionario con el esquizo. ¿Cuál sería su actitud ante estas posibles críticas?

G. D.– F. G.– Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea.
Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataques contra Laing y la antipsiquiatría).

Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso.

Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento. Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa. El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico.

Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria. Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras.

Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo–revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.


* L’Arc. n.º 49, 1972, entrevista con Catherine Backès–Clément

GLOSARIO DE ESQUIZOANALISIS

Este glosario fue elaborado por Felix Guattari en 1984 a pedido del editor de la edicion inglesa del libro "revolucion Molecular".

AGENCIAMIENTO: noción más amplia que la de estructura, sistema, forma, proceso, etc. Un agenciamiento acarrea com- ponentes heterogéneos, también de orden biológico, social, maquínico, gnoseológico. En la teoría esquizoanalítica del inconsciente, el agenciamiento se concibe en oposición al «complejo» freudiano.

A-SIGNIFICANTE: distinguiremos las semiologías significantes que articulan cadenas significantes y contenidos significa- dos- de las semióticas a-significantes que operan con arre- glo a cadenas sintagmáticas que no engendran un efecto de significación (en un sentido lingüístico), y que son suscepti- bles de entrar en contacto directo con sus referentes en el marco de una interacción diagramática. Ejemplo de semiótica a-significante: la escritura musical, los corpus matemáti- cos, las sintaxis informáticas, robóticas, etc.

ARCHI-ESCRITURA: expresión propuesta por Jacques Derrida y que formula la hipótesis de una escritura como fundamento del lenguaje oral. Esa escritura de huellas, de marcas, que se conserva en un espacio de inscripciones, sería lógicamente anterior a las oposiciones entre tiempo y espacio y entre significado y significante. El esquizoanálisis objeta a esta concepción su visión todavía demasiado totalizadora, dema- siado «estructuralista» de la lengua.


DEVENIR: expresión relativa a la economía del deseo. Los flu- jos de deseo proceden mediante afectos y devenires, con independencia del hecho de que puedan o no ser rebajados a personas, imágenes, identificaciones. De esta suerte, un individuo, antropológicamente etiquetado como masculino, puede estar atravesado por devenires múltiples y aparente- mente contradictorios: un devenir femenino que coexiste con un devenir niño, un devenir animal, un devenir invisible, etc. Una lengua dominante (una lengua que opera en un espa- cio nacional) puede verse localmente arrastrada por un deve- nir minoritario. Será calificada entonces de lengua menor

BLOQUE: término afín al de agenciamiento.2 No se trata de complejos infantiles, sino de la cristalización de sistemas de intensidades que atraviesan los estadios psicogenéticos y son susceptibles de operar a través de los sistemas percepti- vos, cognitivos y afectivos más dispares. (Ejemplo de bloque de intensidad: los ritornelos musicales en Proust, la «fraseci- lla de Vinteuil»).


CODIFICACIÓN, SOBRE-CODIFICACIÓN: la noción de código se emplea en una acepción muy amplia; puede concernir tanto a los sistemas semióticos como a los flujos sociales y los flujos materiales: el término de sobrecodificación corresponde a una codificación de segundo grado. (Ejemplo: algunas sociedades agrarias primitivas, que funcionan conforme a su propio siste- ma de codificación territorializada, se ven sobrecodificadas por una estructura imperial, relativamente desterritorializada, que les impone su hegemonía militar, religiosa, fiscal, etc.).

CORTE: las máquinas deseantes se caracterizan como siste- mas de corte de flujos. En el Antiedipo, el término «corte» es inseparable del de flujo («Connecticut -I cut-», grita el pequeño Joey de Bettelheim en el Antiedipe.3

PRODUCCIÓN DESEANTE (ECONOMÍA DESEANTE): a diferencia de la concepción freudiana, el deseo no está asociado a la representación. Con independencia de las relaciones subje- tivas e intersubjetivas, ocupa sin más una posición que le permite producir sus objetos y los modos de subjetivación que les corresponden.

ENUNCIACIÓN COLECTIVA: las teorías lingüísticas de la enun- ciación centran la producción lingüística en sujetos indivi- duados, a pesar de que, en su esencia, la lengua es social y está conectada diagramáticamente a las realidades contex- tuales. Así, pues, más allá de las instancias individuadas de la enunciación conviene poner de manifiesto los agencia- mientos colectivos de enunciación. «Colectivo» no debe enten- derse aquí tan sólo en el sentido de una agrupación social; implica además la entrada de distintas colecciones de objetos técnicos, de flujos materiales y energéticos, de entidades incorporales, de idealidades matemáticas, estéticas, etc.

 


ESQUICIAS: sistema de cortes que no consisten únicamente en la interrupción de un proceso, sino en la encrucijada de procesos. La esquicia trae consigo un nuevo capital de potencialidad.

ESQUIZOANÁLISIS: mientras que el psicoanálisis partía de un modelo de psique basado en el estudio de las neurosis, cen- trado en la persona y en las identificaciones, y que opera a partir de la transferencia y de la interpretación, el esquizoa- nálisis se inspira, por el contrario, en las investigaciones acerca de la psicosis; se niega a rebajar el deseo a los sistemas personológicos y niega toda eficacia a la transferencia y a la interpretación.


FLUJOS: los flujos materiales y semióticos «preceden» a los sujetos y a los objetos; el deseo, en tanto que economía de flujo, no es, pues, subjetivo y representativo en primer lugar.

GRUPO SUJETO / PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD: la subjetividad no es considerada aquí como cosa en sí, como esencia inmu- table. Ésta u otra subjetividad existe en función de que un agenciamiento de enunciación la produzca o no. (Ejemplo: el capitalismo moderno, mediante los medios de comunicación de masas y los equipamientos colectivos, produce a gran scala un nuevo tipo de subjetividad). Tras la apariencia de la subjetividad individuada, conviene intentar descubrir cuáles son los procesos de subjetivación reales. Los grupos sujetos se contraponen a los grupos sometidos. Esta oposición implica una referencia micropolítica: la voca- ción del grupo sujeto consiste en gestionar, en la medida de lo posible, su relación con las determinaciones exteriores y con su propia ley interna. Por el contrario, el grupo sometido tiende a estar manipulado por todas las determinaciones exterio- res y a estar dominado por su propia ley interna (super-yo).

IMAGINARIO-FANTASMA: en la medida en que lo imaginario y el fantasma ya no ocupan una posición central en la econo- mía del deseo del esquizoanálisis, estas instancias deberán recomponerse en el seno de nociones tales como agencia- miento, bloque, etc.

INTERACCIÓN SEMIÓTICA Y DIAGRAMATISMO: con «diagrama» retomamos una expresión de Charles Sanders Pierce.4 Este autor clasifica los diagramas entre los iconos; habla al respecto de «iconos de relación». Las interacciones diagramáticas (o interacciones semióticas), en la presente terminología, se con- traponen a las redundancias semiológicas. Las primeras hacen que los sistemas de signos trabajen directamente con las realidades a las que aquellas se refieren; se ocupan de una producción existencial de referente, mientras que las segun- das no hacen más que representar y proporcionar «equivalen- tes» carentes de asidero operativo. Ejemplo: los algoritmos matemáticos, los planos tecnológicos, los programas informá- ticos, participan directamente en el proceso de engendra- miento de su objeto, mientras que una imagen publicitaria no dará de éste más que una representación extrínseca (pero que en este caso es productora de subjetividad).

 

MÁQUINA (Y MAQUÍNICO): distinguiremos aquí la máquina de la mecánica. La mecánica está relativamente encerrada en sí misma; sólo mantiene relaciones perfectamente codificadas con los flujos exteriores. Las máquinas, consideradas en sus evoluciones históricas, constituyen, por el contrario, un phylum comparable a los de las especies vivas. Se engen- dran unas a otras, se seleccionan, se eliminan y dan lugar a nuevas líneas de potencialidad.as máquinas, en sentido lato, esto es, no sólo las máqui- nas técnicas sino también las máquinas teóricas, sociales, estéticas, etc., nunca funcionan de forma aislada, sino por agregado o por agenciamiento. Por ejemplo, una máquina técnica en una fábrica entra en interacción con una máquina social, con una máquina de formación, con una máquina de investigación, con una máquina comercial, etc.


MOLECULAR / MOLAR: los mismos elementos que existen en flu- jos, estratos, agenciamientos, pueden organizarse de un modo molar o de un modo molecular. El orden molar corresponde a las estratificaciones que delimitan objetos, sujetos, las repre- sentaciones y sus sistemas de referencia. El orden molecular, por el contrario, es el de los flujos, los devenires, las transicio- nes de fase, las intensidades. Llamaremos «transversalidad» a este atravesamiento molecular de los estratos y los niveles, operado por los diferentes tipos de agenciamientos.

OBJETO «A» MINÚSCULA: termino propuesto por Lacan en el marco de una teoría generalizada de los objetos parciales en psicoanálisis. El objeto «a» minúscula es una función que implica asimismo al objeto oral, al objeto anal, al pene, a la mirada, a la voz, etc. En su momento, sugerí a Lacan la adi- ción a este objeto «a» minúscula de objetos «b» minúscula, que corresponden a los objetos transicionales de Winnicott, y de los objetos «c» minúscula, que corresponden a los obje- tos institucionales.

ÓRGANOS, CUERPOS SIN: noción que Gilles Deleuze recoge de Antonin Artaud para indicar el grado cero de las intensida- des. La noción de cuerpo sin órganos, a diferencia de la noción de pulsión de muerte, no implica ninguna referencia termodinámica.

PERSONOLÓGICO: adjetivo que sirve para calificar las relacio- nes molares en el orden subjetivo. El hincapié en el rol de las personas, de las identidades y de las identificaciones, caracte- riza a las concepciones teóricas del psicoanálisis. El edipo psicoanalítico introduce personas y personajes tipificados; reduce las intensidades y proyecta el ámbito molecular de las cate- xis de deseo en un «teatro personológico», es decir, en un sis- tema de representaciones separado de la producción deseante real (expresión equivalente: triangulación edipiana


PLAN DE CONSISTENCIA: los flujos, los territorios, las máqui- nas, los universos de deseo, con independencia de su dife- rencia de naturaleza, se remiten al mismo plano/plan de con- sistencia (o plano/plan de inmanencia), que no debe confun- dirse con un plano de referencia. En efecto, las diferentes modalidades de existencia de los sistemas de intensidades no atañen a idealidades transcendentes, sino a procesos de engendramiento y a transformaciones reales.

POLÍTICA DE SECTOR: a partir de 1960, los poderes públicos en Francia, apoyándose en las corrientes progresistas de la psi- quiatría institucional, quisieron lograr que la psiquiatría saliera de los grandes hospitales psiquiátricos represivos. Entonces se pretendía acercar la psiquiatría a la ciudad, lo que condujo a la creación de los denominados equipamien- tos extrahospitalarios: ambulatorios, hogares, talleres prote- gidos, hospitales de día, visitas a domicilio, etc. Esta expe- riencia reformista transformó el aspecto social exterior de la psiquiatría sin llegar por ello a convertirse en una verdadera empresa de desalienación. Se miniaturizaron los equipa- mientos psiquiátricos; pero no se cambiaron en lo funda- mental las relaciones de segregación y de opresión.

PROCESO: secuencia continua de hechos o de operaciones que pueden conducir a otras secuencias de hechos y de operacio- nes. El proceso implica la idea de una ruptura permanente de los equilibrios establecidos. El término no se emplea aquí en la acepción de la psiquiatría clásica, que habla de proceso esqui- zofrénico, lo que implica siempre la llegada a un estado termi- nal. Su acepción está más próxima de lo que Ilya Prigogine e Isabelle Stengers denominan «procesos disipativos».

REDUNDANCIA: este término fue forjado por los teóricos de la comunicación y por los lingüistas. Se llama redundancia a la capacidad inutilizada de un código. Gilles Deleuze distin- gue, en Diferencia y repetición,6 la repetición vacía de la repe- tición compleja, en tanto que esta última no se deja reducir a una repetición mecánica o material. Aquí encontraremos a su vez la oposición entre redundancia significante, separadade todo asidero sobre la realidad, y redundancia maquínica, que produce efectos sobre lo real.


RIZOMA, RIZOMÁTICO: los diagramas arborescentes proceden con arreglo a jerarquías sucesivas, a partir de un punto cen- tral, de tal suerte que cada elemento local remonta a ese punto central. Por el contrario, los sistemas en rizomas o en emparrado pueden derivar hasta el infinito y establecer conexiones transversales sin que puedan ser centrados o clausurados. El término «rizoma» procede de la botánica, donde define los sistemas de tallos subterráneos de plantas vivaces que emiten yemas y raíces adventicias en su parte inferior. (Ejemplo: rizoma de lirio).


TERRITORIALIDAD, DESTERRITORIALIZACIÓN, RETERRITORIALIZACIÓN: la noción de territorio se entiende aquí en un sentido muy lato, que desborda el uso que recibe en la etología y en la etnología. El territorio puede ser relativo a un espacio vivi- do, así como a un sistema percibido en cuyo seno un sujetose siente «en su casa». El territorio es sinónimo de apropia- ción, de subjetivación encerrada en sí misma. El territorio puede desterritorializarse, esto es, abrirse y emprender líneas de fuga e incluso desmoronarse y destruirse. La desterri- torialización consistirá en un intento de recomposición de un territorio empeñado en un proceso de reterritorialización.El capitalismo es un buen ejemplo de sistema permanente de desterritorialización: las clases capitalistas intentan constantemente «recuperar» los procesos de desterritoriali- zación en el orden de la producción y de las relaciones socia- les. De esta suerte, intenta dominar todas las pulsiones pro- cesuales (o phylum maquínico) que labran la sociedad.

 

 

 

 

 

6 Gilles Deleuze, Diferencia y repetición, Buenos Aires, Amorrortu, 2002.

LACAN, ESQUIZOANALISIS Y PARADIGMA ETICO-ESTETICO

Clase 2

Lacan, el significante, lo imaginario, lo simbólico y lo real. Metáfora del Padre y pulsión de muerte.

Puede ser útil, para comprender de mejor manera los planteamientos Básicos del Esquizoanalisis, hacer una nota introductoria al tratamiento general de lo que Lacan plantea sobre la Psicosis, de la mano de lo que él llama: Lo imaginario, lo Simbólico y lo Real.

Sabemos que uno de los aportes de Lacan al psicoanálisis, -para lo que después será su propio sistema Psicoanalítico-, fue el introducir las nociones de la Lingüística de Saussare a la noción de lo inconsciente. Posteriormente esto lo llevara a decir que "el inconsciente esta estructurado como el lenguaje". A partir de esta concepción ilustrada a través del lenguaje, Lacan hace una distinción entre el Significante Primero (S-1) y el Significante Segundo (S-2.)

Él -S1- se relaciona con la Madre, él -S2- se relaciona con el Padre, lo que dará una estructura general simbólica al psiquismo. El S1 se relaciona con el estado primario dado por la relación con la Madre, lo que podríamos llamar "pre-edipico". Al pasar a la etapa que llamamos "genital" el individuo se identifica con el S2, es decir, el estado Edípico que Lacan preferirá llamar la "metáfora del Padre", que es de orden simbólico y constituye la configuración final del psiquismo.

Vemos que en la Neurosis se cuenta con la metáfora del Padre, con el S2, con el aspecto Edipico. Lacan dice que el individuo maneja la eficacia dada por el símbolo. En la Psicosis, el individuo no accede al símbolo, este no alcanza a constituirse en su psiquismo, solo se queda con el S1, el significante primario, pre-edipico, dado por la relación con la madre. La diferencia entre psicosis y neurosis en Lacan esta dada por la constitución del psiquismo en el significante, el S1 y el S2.

Así como la diferencia en la neurosis y la psicosis en M. Klein, esta dada por la posición esquizoide en relación a los objetos parciales, versus la posición depresiva en relaciones con los objetos totales.

El manejo de la eficacia simbólica, esta dado por la estructura del lenguaje humano (en este caso visto desde la óptica -estructuralista- de F. Saussare). Lacan hace una diferencia tres niveles en el ámbito del lenguaje: Lo Simbólico, lo Imaginario y Lo Real.

Lo Simbólico: Es el registro de las palabras mismas, dada por la relación de signos y significantes.

Lo Imaginario: esta dado por la capacidad de las palabras de producir imágenes, significados, fantasías, es decir los efectos producidos desde el discurso.

Lo Real: Se caracteriza por el vacío, el corte en el discurso, ya que no todo es representable mediante palabras, al significado, solo podemos acceder mediante el significante que nos transporta mediante el plano simbólico, a lo imaginario, al significado. Esto muestra la imposibilidad de acceder desde el lenguaje a los significados, a lo real. Lo real se caracteriza por el deseo, visto como pulsión de muerte, algo inalcanzable en tanto separación sujeto y objeto dado por las relaciones de lenguaje. Somos lo que el lenguaje, nos permite ser.

Desde la visión de Lacan, los sujetos (que no se constituyen en su negación de lo real) somos en el lenguaje y el inconsciente esta estructurado como el lenguaje, (de ahí la famosa imagen que "el síntoma es una metáfora" por ejemplo.) Para Lacan en este sentido, el lenguaje representa una falla, un corte dado por lo Real, por la imposibilidad de acceder al significado, por lo tanto esto produce angustia y una sensación de insatisfacción en el ser, en el plano dado por LO REAL (la pulsión de muerte, visto como la naturaleza constituida por si misma, sin el lenguaje). A través del símbolo (LO SIMBOLICO) podemos acceder a LO IMAGINARIO, lo que nos da plenitud, satisfacción, una sensación de "amor pleno" y con esto se cierra la estructura, lo que constituye un efecto de cierre, sobre el corte de "lo real".

Si la estructura se cierra, llevándonos a un estado de completamiento pleno que supera la sensación carencia y angustia constante, sobreviene la muerte psíquica y física. Esto resulta de la abolición del deseo y el gozo acabado (deseo que desde Lacan, es visto como carencia) y al cesar el deseo, no hay movimiento, cosa que caracteriza a lo vivo, por lo que es igual a estar muerto. Para Lacan la condición del sufrimiento y la carencia, esta dada por la falla del lenguaje, en tanto somos constituidos en el lenguaje. Desde la visión Lacaniana se deduce que la condición del sufrimiento y la angustia esta dada por la condición humana, de estar constituidos en el nivel del lenguaje.

Por ejemplo, para Lacan un Psicópata (psicotico) mata por no sentirse completo, fragmentado. Recordemos que lo caracteriza a la Psicosis desde Lacan es la falta del S2, la metáfora del padre-Edipo-.

Deleuze y Guattari, Anti Edipo, Capitalismo y Esquizofrenia.

Deleuze y Guattari, dirán en el "Anti-Edipo" que solo existen el deseo y lo social, el capitalismo (CMI) tiene la función axiológica de Territorializar y Desterritorializar, los campos del deseo y el socius generando una coordinación de los valores. El lenguaje es visto como algo procesual, en relación con el contexto[1].

No hay un sujeto fijo, sino dinámico. En este sentido hablamos de acontecimiento, el sujeto es posterior en su forma narrativa, luego que suceden las cosas, las ponemos en palabras, no antes. El lenguaje esta supeditado al acontecimiento, aquello que se impone como dirá Foucault, brutalmente en el vivir. No hay una gran entidad que organice el psiquismo, ni Edipo, ni el significante. Teniendo esto en cuenta, salta a la vista la diferencia entre el "Esquizoanalisis" y el "Psicoanálisis".

En la actualidad "es relevante consignar que la "remodelación" de los cuadros sintomáticos desde los años setenta y hasta la actualidad, refleja el carácter mutante de la constitución del self y evidencia, simultáneamente, una variación en el modo de emergencia y complejidad de tales cuadros. Lo inédito viene precedido por las formas actuales que asume la territorialización del deseo más allá de los trastornos edípicos. Si en el pasado la histeria, el desorden obsesivo-compulsivo o la neurosis de carácter, llegaron a ser los diagnósticos que alcanzaron una mayor regularidad estadística, hoy, raramente se expresan en su pureza original, muy por el contrario, con frecuencia no pasan de ser meros revestimientos encargados de funcionalizar la adaptabilidad del self.

Ya no constituyen más el sustrato básico de la dolencia / vulnerabilidad o del trastorno psíquico. Los cuadros neuróticos han dado paso a alteraciones pre-psicóticas[2], tales como depresiones, estructuras borderlines, trastornos alimenticios, desórdenes de personalidad, descompensaciones narcisistas, etc. La nueva nomenclatura muestra con suficiente realismo la orientación y los "insumos" básicos con que cuenta la construcción del self en la sociedad actual; a partir de aquí, auxiliados por una lógica de verificaciones epidemiológicas, podemos constatar los cambios acontecidos entre la estructura social y las formas de producción caracteriológica"[3].

El psicoanálisis, como ya hemos visto, al basar su modelo de análisis en la neurosis, y como vemos en la actualidad, cada vez todo tiende hacia la psicosis, "depresiones", "crisis de pánico", etc. Respecto a esto podemos decir, que su modelo de trabajo, esta obsoleto. Este corresponde a un modelo de sociedad, donde la producción de subjetividad era distinta a lo que podemos encontrar hoy. Los modelos psicoanalíticos acerca de la triangulación edipica, por ejemplo, no son algo así, como muchos psicoanalistas piensan, un modelo universal de las formaciones de lo inconsciente, como si este fuera algo dado desde el principio. Vemos que lo inconsciente-desde la teoría esquizoanalitica- es producción maquinica, como dirá Deleuze "nunca esta ahí, y esta por producir, por producir por una máquina de experimentación" .Desde esta perspectiva, el psicoanálisis, solo funciona como un estupendo tapón, un gran general que de manera despótica, clausura las maquinas deseantes. El psicoanálisis solo responde mamá-papá, Edipo, el fantasma, la castración, no tengo falo, cuando se le pregunta acerca de lo inconsciente. Cuando en las formaciones de lo que podemos entender como inconsciente, no remite solamente a un pasado "triangulado" por la familia, si no a todo un campo histórico social, que desborda por todas partes.

Sobre el Paradigma Estético.

Lo propio del Esquizofrénico es lo des-organizado, y lo vinculamos con la fantasía, el delirio y los estados primarios. Marcuse dirá que "el deseo catextizara directamente lo social". El neurótico, por otra parte, delega la catexia despótica paranoica de forma Edipica y organiza la fantasía familiar. Podemos ver, dos visiones del deseo, en términos creativos e incestuosos; por el lado del deseo creativo, lo relacionamos con la sensación, los afectos -de manera estética- a una condición o circunstancia de enunciación, es decir un plano de relación entre lo afectivo y el contexto, esto es lo que entendemos cuando hablamos de la disposición de un contexto.

Ahora, por el lado del deseo incestuoso, la pregunta no va por el lado de la sensación, si no en referencia al contenido; ¿Quién enuncia?, a lo que podemos responder un individuo, es decir, la noción de un significante aislado.

Tenemos la propuesta de un paradigma ético-estético, que no remitiría a formaciones de contenido en términos de significado-significante, sino por el contrario de enunciación-disposición. Desde esta óptica -no hay nada que interpretar- no nos remitimos al contenido, sino a la funcionalidad, al contexto, a las formas de producción en contextos variables. Podríamos decir que es más importante él "como se dispone" por sobre él "porque se dispone",en este sentido estamos hablando de plano de los significados, el contenido, él porque.

Plantearse desde lo que llamamos un paradigma Ético-Estético lleva a lo que podemos leer en esta cita textual "Al invocar paradigmas éticos, fundamentalmente quisiera señalar la responsabilidad y el necesario «compromiso» no sólo de los operadores «psy», sino también de todos aquellos que están en posición de intervenir sobre las instancias psíquicas individuales y colectivas (a través de la educación, la salud, la cultura, el deporte, el arte, los medios de comunicación, la moda, etc.)

Éticamente es insostenible refugiarse, como esos operadores hacen a menudo, en una neutralidad transferencial supuestamente basada en un dominio del inconsciente y en un corpus científico. De hecho, el conjunto de los dominios «psy» se instala en la prolongación y en interfase con los dominios estéticos. Al insistir sobre los paradigmas estéticos, quisiera señalar que, especialmente en el registro de las prácticas «psy», todo debería ser continuamente reinventado, habría que partir de cero, de lo contrario los procesos se fijan en una repetición mortífera.

La condición previa a cualquier relanzamiento del análisis por ejemplo, el esquizoanálisis consiste en admitir que por regla general, y por poco que uno se dedique a trabajarlos, los Agenciamientos subjetivos individuales y colectivos son potencialmente válidos para desarrollarse y proliferar lejos de sus equilibrios ordinarios. Sus cartografías analíticas desbordan, pues, por esencia los Territorios existenciales a los que están destinadas. Con esas cartografías debería suceder como en pintura o en literatura, dominios en cuyo seno cada performance concreta tiene vocación de evolucionar, de innovar, de inaugurar aperturas prospectivas, sin que sus autores puedan invocar fundamentos teóricos infalibles o la autoridad de un grupo, de una escuela, de un conservatorio o de una academia...Work in progress! Se acabaron los catecismos psicoanalíticos, conductistas o sistémicos.

El pueblo «psy», para converger en esta perspectiva con el mundo del arte, se ve obligado a deshacerse de sus batas blancas, empezando por aquellas, invisibles, que lleva en su cabeza, en su lenguaje y en sus formas de ser (el ideal de un pintor no es repetir indefinidamente la misma obra excepto el personaje de Titorelli, en el Proceso de Kafka, ¡qué siempre pinta e idénticamente el mismo juez!). De la misma manera, cada institución de tratamiento, de asistencia, de educación, cada cura individual debería tener como preocupación permanente hacer evolucionar tanto su práctica como sus andamiajes teóricos."[4]

La apuesta por lo estético, nos lleva "a una dimensión de creación en estado naciente[5]", la puesta en escena de la inventiva, el riesgo y la experimentación, tomando en cuenta la disposición y la enunciación avalado por una lógica de la sensación y los afectos, la apuesta por lo plástico, lo perfomativo, lo creativo, que jamás agota sus posibilidades de enunciación, mas que por un aparato académico burocrático, sobre-reificado.

Esquizoanalisis en "síntesis", Las Disposiciones de Enunciación.

Lo que llamamos "Esquizoanalisis"[6] puede entenderse finalmente como:

-Un desplazamiento de los sistemas de enunciado (de lo expuesto, de lo formulado, de lo dicho, etc.) y de las estructuras subjetivas preformadas (es decir a una visión estructuralista y universal del ámbito subjetivo como "algo dado") hacia un acento en las Disposiciones de enunciación capaces de forjar nuevas coordenadas de lectura y de "poner en existencia", representaciones y proposiciones inéditas, por sobre cosas dadas o ya dichas, tomadas desde un sentido absoluto, cerrado.

El Esquizoanalisis no es algo limitado al ámbito de lo "psy" profesionalizado, como lo psicológico o a un cuerpo de conocimiento especifico avalado por un grupo autorizado. No intenta ser un paradigma cerrado en sí mismo, sin capacidad de replantearse, por el contrario, la definición provisoria pudiese ser: "El análisis de la incidencia de las disposiciones de enunciación sobre las producciones semióticas y subjetivas, en un contexto problemático dado" esto puede referirse a cosas tales como, un cuadro clínico, un fantasma inconsciente, una fantasía diurna, una producción estética, un hecho micro-político[7].

Con la noción de "Disposiciones de enunciación", se intenta superar el "empantamiento" al ámbito de lo "inconsciente", el reducir la subjetividad a las "pulsiones", afectos, instancias intra-subjetivas y relaciones Inter.-subjetivas, solamente.

La disposición de enunciación, lleva a superar el fijamiento dado por el ámbito del "sujeto individuado" y nos abre a la visión del "conjunto"; por lo que se centrara en los componentes de Disposición, que se encuentran en interacción entre dominios radicalmente heterogéneos. Normalmente lo analítico se comprende como el análisis del contexto en relación con distintas incidencias significantes y no como "generador de efectos pragmáticos en campos sociales institucionales y materiales dados". Como si la practica analítica se mantuviera en un espacio de neutralidad y lejanía, como si esta no produjera un efecto, solo un "análisis".

El "presunto efecto analítico" no se relaciona con cadena semióticas interpretables (es decir basándose en las relaciones de significante-significado-contenido) si no a una mutación "a-significante" (un espacio de enunciación que no remite a la letra, a lo dicho, al contenido mismo, si no, a todo un contexto o espacio de expresión) del "contexto de universo", es decir, de la constelación de los registros de referencia puestos en cuestión. (Es decir la configuración de los contextos expresados).

Las "disposiciones colectivas y/o individuales de la enunciación se convierten en objetos de la investigación analítica prioritaria". El "enfoque Esquizoanalitico nunca se limitara a una interpretación de "datos"; Se interesara, de manera mucho más fundamental, por el "dador", por las disposiciones que promueven la concatenación de los afectos de sentido y de los efectos pragmáticos", es decir, por la modelización de los espacios y los contextos desde instancias individuales y/o colectivas. Los modos de funcionamiento, de ejecución, de producción. Los "analizadores" no escapan a la plasticidad general de las "disposiciones", no son "dispositivos preestablecidos", no pretenden instituirse como instancias legitimas de enunciación, como en el caso de la cura psicoanalítica, donde hay una separación del "analizador" y el "analizado", en términos de sujeto y objeto, (recordemos que desde la perspectiva Esquizoanalitica, nos situamos desde el "acontecimiento" donde no hay distinción entre sujeto y objeto). No existe un protocolo Esquizoanalitico normalizado, al contrario, existe un cuestionamiento constante de las "disposiciones analizadoras" en función de sus efectos de "feed-back" sobre los datos analíticos, basándose en la retroalimentación del análisis de un contexto o disposición dado, los "supuestos" analíticos van cambiando, no entrega un tipo de "prototipo" estructural.

-¿Cómo una disposición toma el relevo de otra disposición para "gestionar" una situación dada?

-¿cómo una disposición analítica, o que se pretende ser tal, puede enmascarar otra?

-¿cómo entran en relación varias disposiciones y que se produce en consecuencia?

-¿cómo explorar en un contexto totalmente bloqueado en apariencia, las potencialidades de constitución de nuevas disposiciones?

-¿cómo "asistir", si no es así, las relaciones de producción, de proliferación y la mico política de estas nuevas disposiciones?

Este tipo de preguntas son las que el Esquizoanalisis se plantea. "Las formas arcaicas de Enunciación descansaban, por lo esencial, en la palabra y la comunicación directa. Mientras que las nuevas disposiciones recurren cada vez mas a Flujos informativos mediáticos, transportados por canales maquinicos (las maquinas de las cuales tratamos aquí no son solo de orden técnico si no también científico, social, estético, etc.) que desbordan por todas partes los antiguos territorios subjetivos-individuales y colectivos". "La enunciación desterritorializada, que podemos calificar de "maquino-céntrica" reenvía a memorias y procedimientos no-humanos para tratar complejos semióticos que escapan, en gran medida, a un control conciencial directo.".

Geografía, Cartografía y Diagrama.

Deleuze dice respecto a la noción de Cartografía: "Lo que llamamos un "mapa" o, incluso, un "diagrama" es un conjunto de líneas diversas que funcionan al mismo tiempo (las líneas de la mano dibujan un mapa). Hay, en efecto, líneas de muy diversos tipos, en el arte y también en la sociedad o en una persona; hay líneas que representan cosas y otras que son abstractas, hay líneas segmentarias y otras que carecen de segmentos, hay líneas direccionales y líneas dimensiónales, hay líneas que, sean o no abstractas, forman contornos, y hay otras que no los forman. Estas son las más hermosas. Pensamos que las líneas son los elementos constitutivos de las cosas y de los acontecimientos. Por ello, cada cosa tiene su geografía, su cartografía, su diagrama. Lo interesante de una persona son las líneas que la componen, o las líneas que ella compone, que toma prestadas o que crea. ¿Por qué este privilegio de la línea sobre el plano o sobre el volumen? No hay, de hecho, privilegio alguno. Hay espacios correlativos de las diferentes líneas, y a la inversa (también aquí intervendrían nociones científicas, como los "objetos fractales" de Mandelbrot). Tal o cual tipo de línea implica tal formación espacial y voluminosa." - "En una cartografía sólo podemos marcar caminos y movimientos, con sus coeficientes de fortuna y de peligro. Llamamos "esquizo-análisis" a este análisis de las líneas, de los espacios, de los devenires. Parece algo al mismo tiempo muy cercano y muy diferente a los problemas históricos."[8]

"Conclusión"

Como conclusión provisoria, podemos decir que "el Esquizoanalisis no es una panacea sino lo contrario, una teoría que nos lanza a un lugar desierto de soluciones, pero a la ves basto y abierto en cuanto a las posibilidades de ejecución y de creación que de él se deslizan, posibilidades que se revelan en el proceso/ocurrencia de la "improvisación" como aspecto de la ejecución de diferentes técnicas, y que como en todas las artes y oficios necesitará como requisito de una interiorización y ejecución depurada de los instrumentos a utilizar. La intervención renuncia al efecto lineal, teleológico, para afiatarse como efecto en el mismo instante de su aplicación, conjurando los vectores (functores diría Guattari) que constituyen el contexto interventores/intervenidos.

La practica del esquizoanalisis recoge la corriente "rizomática"[9] de todo acontecimiento. Desde el ámbito de la psicología esta "empresa" no tiene referentes, será por ello que los autores nos plantean que el esquizoanalisis no tiene "un setting", y por lo mismo que dialoga preferentemente con el modelo de la comunidad terapéutica, con las experiencias de la anti-psiquiatría, del análisis institucional y de los movimientos políticos "minoritarios".

El desafío plástico/estético/político de nuestras intervenciones, es el que se ve puesto en el entrecejo. Salir del clásico esquema de la practica y teorización dispuesta por el dispositivo de atención individual, y dirigirnos a "encuadres/agenciamientos" que nos permitan insertarnos en el carácter pandémico de los "trastornos psíquicos" siempre "socio-somáticos" constituye el objetivo.

Lo "plástico / estético" no tiene que ver necesariamente con importar elementos expresivos tradicionalmente desarrollados en el área artística (pintura, música, narrativa, actuación, baile, etc.), sino más bien con rescatar lo "sensible" y sus formas de realización alucinatoria, aquello otorgado por los "procesos primarios", por la lógica de los afectos, por movimientos micro políticos que se disponen como germen de cualquier movimiento instituyente.

Lo estético debiera constituir una nueva síntesis con relación a las formas presentes de intervención, debiera aportar una nueva dimensión en la diversificación de los dispositivos de trabajo e interpretación transferencial, dispositivos que por una parte se recojan e impregnen de los contextos en los cuales se "interviene", y que por otro lado, produzcan una eficacia diferente a la esperada de los dispositivos tradicionales."[10]

Con esto terminamos este primer acercamiento general a lo llamamos Eszquizoanalisis, en términos explicativos. Como vemos no es algo supeditado a un territorio especifico o disciplinar, es una practica transversal capaz de abordar diversos contextos, desde un paradigma estético, que opta por la creación constante y la reinvención de los dispositivos de enunciación.

Es una Herramienta, que puede ser usada tanto en Arquitectura, urbanismo, Arte, sociología, antropología, política etc. Y dentro del ámbito de lo que llamamos "psicología constituye una experiencia inédita el situarse desde la visión del acontecimiento dejando de lado la dinámica sujeto y objeto, tomando el carácter colectivo de toda enunciación. Para finalizar, Guattari dirá que "La pretensión del Esquizoanalisis, en este sentido, es efectivamente, lo repito, constituirse como disposición meta-modelizadora de todos estos dominios heterogéneos que considerara como tantas otras "materias opcionales"[11].



[1] Respecto al lenguaje y lo que luego llamaran "semióticas A-significantes" Deleuze y Guattari dicen: "La oposición exclusiva y coercitiva entre significante y significado está obsesionada por el imperialismo del Significante, tal y como emerge con las máquinas de escritura. Todo remite directamente a la letra. Tal es la propia ley de la hipercodificación despótica", "Esta hipótesis tiene la ventaja de explicar el carácter tiránico, terrorista y castrador del significante. Se trata de un enorme arcaísmo que remite a los grandes imperios. Ni siquiera estamos seguros de que el significante pueda servir en el terreno del lenguaje. Por ello, nos hemos vuelto hacia Hjelmslev: hace tiempo que él ha erigido una especie de teoría spinozista del lenguaje en el cual los flujos de contenido y de expresión prescinden del significante. El lenguaje como sistema de flujos continuos de contenido y expresión, troquelado mediante constructos maquínicos de figuras discretas y discontinuas. En este libro aún no hemos desarrollado nuestra concepción de los agentes colectivos de enunciación, una noción que pretende superar la escisión entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Somos estrictamente funcionalistas: lo que nos interesa es cómo funcionan las cosas, cómo se disponen, cómo maquinan. El significante pertenece aún al dominio de la pregunta: "¿Qué quiere decir esto?". -Entrevista sobre el "anti-edipo" a Deleuze y Guattari en. Deleuze, Gilles, "Conversaciones 1972-1990", Traducción de José Luis Pardo Pre-textos, Valencia, 1995 Segunda edición, 1996. Texto Formato PDF.

Para una visión acabada sobre las semióticas A-significantes y la enunciación colectiva, ver: Deleuze, y Guattari, "Mil mesetas: Capitalismo y Esquizofrenia", Editorial Pre-textos, Sexta edición, España, 2004- Pág.: 81-112 del Cáp.: 4, "20 de noviembre 1923. Postulados de la Lingüística"

[2] Cf. F. Navarro, Caracteriología post-reichiana, Sao Paulo 1996

[3] Valencia.P "Psicoterapia, esquizoanálisis y contextos populares", Texto disponible en http://capsyg.universidadarcis.cl/.

[4] Guattari.F"Las Tres Ecologías" Editorial PRE-textos, Valencia, 2000, Texto formato Pdf

[5] Guattari, Félix, "Caosmosis" , de la edición en castellano, Ediciones manantial, Buenos Aires, Argentina. 1996 Cáp. 6: "el nuevo paradigma estético". Pág.:125.

[6] Este ultimo párrafo esta basado en él capitulo 1 "Las cartografías analíticas". Del texto "Cartografías Esquizoanaliticas", Ediciones Manantial, de la Edición en Castellano, Buenos Aires, Argentina, 2000, Felix Guattari.

[7] "micro político" es decir a "una subjetividad procesual que se forma desde la presencia del otro y se dibuja desde ahí"

[8] Entrevista sobre Mil mesetas, Revista Liberación, 23 de Octubre de 1980, entrevista con Christian Descamps, Didier Eribon y Robert Maggiori. En Deleuze, "Conversaciones 1972-1990", Traducción de José Luis Pardo Pre-textos, Valencia, 1995 Segunda edición, 1996. Texto Formato PDF.

[9] Arborescente/Rizoma, rizómatico: Los diagramas Arborescentes proceden por jerarquías sucesivas, a partir de un punto central, en donde cada elemento local vuelve a ese punto de origen. Al contrario, los sistemas en rizomas o enrejados abiertos pueden derivar al infinito, establecer conexiones transversales sin necesidad de centrarlos o cerrarlos. (Puede entenderse como un sistema abierto a-centrado) Él termino rizoma ha sido obtenido de la Botánica. Donde define los sistemas de tallos subterráneos, de plantes vivaces que emiten botones y raíces adventicias en su parte inferior. -Félix Guattari "cartografías del deseo", traducción de, Miguel Denis Noranbuena, Francisco Zegers Editor S.A., Santiago, Chile, 1989, Pág.:25-34 "Glosario de Ezquizoanálisis"

[10] Valencia. P "Ilusión y Esquizoanalisis".

[11] Capitulo 1 "Las cartografías analíticas". Del texto "Cartografías Esquizoanaliticas", Ediciones Manantial, de la Edición en Castellano, Buenos Aires, Argentina, 2000, Felix Guattari.

 

Tabla 2- Inconciente Esquizoanalitico- Continuacion

Tabla 2- Inconciente Esquizoanalitico- Continuacion
TABLA 2[1] El inconsciente Esquizoanalitico.[2]

El deseo actúa a través de procesos de Territorialización es decir captura-apropiación de alguna forma de deseo y Desterritorialización, cuando este logra liberarse a través de alguna línea de fuga.

En la tabla 2, vemos que hay un proceso Esquizofrénico de Desterritorialización (lo vemos en él numero (8)) que atraviesa todos los cuerpos de manera constante. Vemos que el cuerpo número 4, "cuerpo lleno sin órganos", muestra los lugares posibles de ser territorializados y desterritorializados.

Puede territorializarse como Esquizofrenia como una entidad clínica (numero (9) en la línea hacia abajo) ya que esto seria el limite del socius.

Puede devenir en Neurosis edipicas como entidades familiares (numero 5), podemos ver que esto inmediatamente se catextiza en el cuerpo numero 3 del "cuerpo capital dinero", funcionando a través de sistemas de flujo y corte.

El cuerpo 4 al catextizarse con el cuerpo 2, el "cuerpo despótico", puede devenir en "Psicosis paranoicas como entidades despóticas" (numero 6), como lo muestran los regímenes dictatoriales, los aparatos represivos de estado, que hacen desaparecer personas, silencian, matan y torturan mediante el aparato paranoico del "enemigo interno", etc. Donde el socius deviene "paranoico Fascista" por ejemplo.

El cuerpo 4, al catextizarse con el cuerpo 1 "cuerpo de la tierra" puede derivar en "perversiones como entidades territoriales" (numero 7). Lo podemos ver por ejemplo en las guerras fronterizas, por extensiones o limites de tierra, por el petróleo o materias primas, económicas, o territorios existenciales, entendido como posibilidades o lugares de existencia[3] .

Finalmente volvemos al proceso constante que atraviesa todos los cuerpos ya mencionados, en la línea (8) Proceso Esquizofrénico de Desterritorialización. Este proceso no se relaciona con el esquizofrénico como entidad clínica, si no con la esquizofrenia, como estado primario, deseo creativo-caosmotico que se desterritorializa del deseo institucionalizado. Por esto es como citamos a Foucault anteriormente "el sentido de lo posible lo da la locura", el sentido viene de aquello que no tiene forma, sin órganos, sin cifraje institucional que otorgue identidad.



[1] Esta tabla puede ser vista en "introducción al Esquizoanalisis" Pág.: 292. Félix Guattari y Gilles Deleuze: "El anti Edipo,capitalismo y esquizofrenia" (edición ampliada),Barcelona, España, Editorial: Paidos. 1995.

[2] " Él termino "inconsciente" solo se mantiene aquí por comodidad de uso, ya que el campo del Esquizoanalisis desborda en mucho lo que los psicoanalistas consideran como suyo, a saber: 1) Una perfomance oral, individual, centrado generalmente en cierto Habitus familiarista de la subjetividad en el contexto de las sociedades industriales desarrolladas; 2) Manifestaciones afectivas circunscriptas al espacio debilitado de la cura. El Esquizoanalisis se esfuerza por movilizar, en cambio, formaciones colectivas y/o individuales, objetivas y/o subjetivas, devenires humanos y/o animales, vegetales, cósmicos... Tomará partido por una diversificación de los medios de semiotizacion y rechazara cualquier centramiento de la subjetivación en la persona, supuestamente neutra y benevolente, de un psicoanalista. Abandonará entonces el terreno de la interpretación significante por el de la exploración de las Disposiciones de Enunciación que contribuyen con la producción de afectos subjetivos y de efectos maquinicos (entiendo por esto todo lo que liga una vida procesual, problemática que se aleja, aun que sea un poco, de las redundancias estratificadas, un phylum evolutivo, en cualquier orden, biológico, económico, social, religioso, estético, etc.. "El inconsciente Esquizoanálitico" Cáp.:2 "Las Energéticas Semióticas". Félix Guattari. "Cartografías Esquizoanaliticas", Ediciones Manantial, de la Edición en Castellano, Buenos Aires, Argentina, 2000.

[3] "La noción de territorio e entendida aquí en un sentido muy amplio, que desborda el uso que se hace en etología y en la etnología. El territorio puede ser relativo a un espacio vivido, tanto como a un sistema percibido en el seno del cual un sujeto se "siente en casa". El territorio es sinónimo de apropiación, de subjetivacion cerrada sobre ella misma. El Territorio puede desterritorializarse, es decir, abrirse, implicarse en líneas de huida, partirse en estratos y destruirse. La reterritorializacion consistirá en una tentativa de recomposición de un territorio comprometido en un territorio en un proceso desterritorializante. El capitalismo es un buen ejemplo de sistema permanente de reterritorializacion: Las clases capitalista intentan constantemente rescatar los procesos de desterritorializacion en el orden de la producción y de las relaciones sociales. Intenta así adueñarse de todas las pulsiones procesuales que trabajan en la sociedad" -Félix Guattari "cartografías del deseo", traducción de, Miguel Denis Noranbuena , Francisco Zegers Editor S.A., Santiago, Chile, 1989, Pág.:25-34 "Glosario de Ezquizoanálisis"